EL PROBLEMA DEL SER EN PARMENIDES, PLATON Y ARISTOTELES

Hemos visto que la noción y realidad del “ser o ente” encierra una serie de peculiaridades y aún aparentes contradicciones. Esta y no otra es la razón por la cual los comienzos de la Metafísica u Ontología en la historia dieron lugar al nacimiento de corrientes o posiciones metafísicas opuestas, las que en una u otra forma se han seguido repitiendo con el tiempo. Abordaremos por separado las tres primeras posiciones metafísicas sugeridas en la historia. Todas ellas fueron formuladas por filósofos de la antigüedad: Parménides, Platón y Aristóteles.

1.- EL PROBLEMA DEL SER EN PARMENIDES

Parménides, quien vivió aproximadamente entre los años 530 y 444 a.c., pertenece y es el principal representante de la llamada “Escuela Eleática”, denominada así por la ciudad de Elea (sur de Italia actual), en aquella época dominio griego. Heredó alguna orientación de la filosofía de Pitágoras. Un merito innegable de Parménides consiste en haber sido el primero de los filósofos que propuso un sistema racional y coherente de filosofía (esto, independientemente de que aceptemos o rechacemos los puntos de su doctrina). Su segundo merito, vinculado al anterior, es el de haber sido el primero que se empleó en un análisis a fondo del concepto del “ser”, originando con ello los primeros pasos de una verdadera Metafísica u Ontología.
Parménides advierte en su análisis que dos conceptos se presentan a la mente del filosofo como irreconciliables, dos conceptos en los cuales se resuelven todos los otros: el concepto de “ser” y el concepto de “no ser” (o “nada”). Pone, entonces como punto de partida evidentísimo su axioma, reiterado muchas veces: “el ser es; el no-ser no es”. La única realidad, por consiguiente, es el ser.
Echando mano de un proceso pura y exclusivamente racional (despreciando, por consiguiente, todas las impresiones habidas por la experiencia), Parménides continua sacando nuevas consecuencias para el ser o realidad:
a) el ser existe “desde siempre” (es eterno). Hagamos un esfuerzo y conozcamos la
razón de esta afirmación en las propias palabras del filosofo: “nunca ha sido ni será (el ser), pues es ahora todo en conjunto, uno y continuo. En efecto, ¿qué origen buscarías para el? ¿Cómo y de donde habría crecido? No te dejaré decir ni pensar que provenga del no-ser, pues no es posible decir ni pensar que (el ser) no sea. Y si viniese del no-ser, ¿qué necesidad lo habría forzado a nacer antes o después? Así, pues, es menester que sea del todo o que no sea en absoluto. Ni tampoco la fuerza de la verdad permitiría a cualquier cosa que fuese a nacer del no-ser o junto a el…”
b) El ser se mantendrá siempre inmutable. Oigamos de nuevo a Parménides:
“¿cómo, pues, podría ser en el futuro lo que es? ¿O cómo podría nacer? Si hubo nacido, no es; ni (es) si fuese para ser en el futuro. De esta manera queda cancelado el nacimiento, y no se puede hablar de destrucción. El destino lo ha encadenado a ser todo enteramente e inmóvil; para el no son sino solamente nombres, todas las cosas que los mortales han establecido creyéndolas verdaderas, el nacer y el morir; el ser y el no-ser; el cambiar de lugar y el mudar del color brillante.
c) El ser es uno, indivisible, homogéneo. “No hay ni habrá nunca ninguna cosa fuera del ser, pues el destino lo ha encadenado a ser todo enteramente e inmóvil. Ni es divisible, porque es todo igual ni puede llegar a ser más en ese lugar (lo que le impediría formar un todo continuo) ni tampoco menos: sino que está todo pleno de ser. Y todo en el es continuo; porque el ser está en contacto con el ser.
En resumen para Parménides, diremos que: “el universo…es el ser único, eterno e inmóvil, que es a la vez el Uno y el Todo, en el cual no hay generación, ni destrucción, ni movimiento, ni multiplicidad”.
Según Parménides, el “ser”, único, lo es todo. Sólo esta realidad existe. Ella es inmutable, eterna, indivisible, homogénea, perfecta.

UNA IMPLICACION DE LA TEORIA DE PARMENIDES

La imagen de la realidad que nos ofrece Parménides implica la negación de toda pluralidad en los seres (nótese que el filósofo habla de “el ser” y no de “los” seres). Aparece así su doctrina como el primer “monismo” ontológico (“monismo” es toda doctrina para la cual solo existe una realidad única). Por este camino le seguirán algunos filósofos, incluso en la época moderna. Por otra parte, auque esto en Parménides no es cosa plenamente definida (si en los monistas posteriores), su doctrina implica una primera forma de panteísmo, por cuanto atribuye al “ser”, del que todos formamos parte, propiedades que la Filosofía posterior atribuyo con exclusividad a Dios. “panteísmo” es la doctrina que identifica a Dios con la Realidad. Todo (pan) es Dios (Zeus).

Por las propiedades que Parménides señala en el ser y por el carácter pleno y único
que le otorga, su doctrina aparece como un primer “monismo panteísta”.

JUSTIFICACION METODOLOGICA

A la mayoría de nosotros la doctrina de Parménides nos resulta altamente rara e inverosímil. No obstante, para juzgar una doctrina, han de conocerse las circunstancias en que ha sido elaborada.
En primer lugar, no debemos olvidar la época en que ella fue propuesta, época de los primeros intentos en el filosofar propiamente tal sin una experiencia anterior de la Filosofía que pudiera ayudar al filósofo. Con todo, la doctrina de Parménides sigue considerada hasta hoy como una “profunda doctrina”.
En segundo lugar, y esto es lo principal, la doctrina de Parménides es una consecuencia neta de su método puramente racional. Parménides aparece, en efecto, como el primer filósofo racionalista. Al negar la pluralidad o multiplicidad y el cambio del ser, al negar su aparición y su destrucción, se nos muestra como el filósofo que para nada tiene en cuenta los datos de su experiencia, que le muestran exactamente lo contrario de lo que afirma. Su pensamiento es exactamente lo contrario del pensamiento o empirista. Desprecia los datos proporcionados por los sentidos, que para él son engañosos y sólo engendran la “opinión”, no la certeza. A cambio de todo ello, sólo cree verdadero aquello que su evidencia racional le muestra como tal. Su principal mérito está, entonces en dos cosas: haber sido muy profundo y racionalmente muy consecuente.

La doctrina de Parménides es una consecuencia neta su racionalismo anti-empírico.

2.- EL PROBELMA DEL SER EN PLATON

Discípulo de Sócrates, es Platón (429-348 a. C.) uno de los más grandes filósofos. En la institución que él fundó llamada Academia, se formaron sus primeros discípulos. Los ha seguido teniendo en todos los siglos, hasta hoy. Dejó escritas sus ideas filosóficas en sus famosos “Diálogos”. Los hay sobre la variedad más admirable de temas. Sus múltiples viajes por el Mediterráneo le permitieron tomar contacto directo con las doctrinas filosóficas existentes. Reflejos de muchas de ellas se advierten en el pensamiento platónico, sin dejar de ser éste, en todo caso, una originalísima síntesis y el primer sistema filosófico propiamente tal. Llamaremos “sistema filosófico” a toda teoría que haya podido abordar en un solo todo (es decir, alrededor de una tesis central) los principales problemas filosóficos que han podido preocupar al hombre. Exactamente eso es la doctrina de Platón. Pero vayamos ya a nuestro tema. ¿Cómo concibe Platón al ser? ¿Qué imagen de la realidad nos presenta en su filosofía? La respuesta a estas preguntas está dada precisamente en la teoría central del sistema platónico, en su Teoría de las Ideas, que él expone en varios de sus diálogos. Conozcamos en síntesis esa imagen de la realidad presentada por la teoría platónica.

LA TEORIA PLATONICA DE LAS IDEAS

(Para la explicación que sigue puede aprovecharse el gráfico adjunto, al que no debe dársele sino un carácter de representación).

a) Existen según Platón, dos mundos: el de las Ideas y el mundo de las cosas. En uno y otro mundo ha vivido el hombre. Efectivamente, según Platón, todos los hombres han vivido, antes de nacer, en el mundo de las ideas. Allí las conocieron todas. Pero ¿qué son estas “ideas”?. Por lo que acabamos de decir, se comprende que el tipo de “ideas” de que nos habla Platón no es lo que nosotros entendemos ahora por idea (en virtud de la teoría aristotélica y de la Psicología moderna). La “idea” platónica es una idea subsistente. ¿Qué afirmamos con esta palabra? Las ideas de que nos habla Platón no existen porque alguien las piensa, no, existen en sí mismas. Por ejemplo (si se atiende al gráfico) la “Idea” de “árbol”, que no se refiere a ningún árbol en especial. No es la idea de manzano, pino o álamo; es la Idea de “el árbol” en sí de la cual todos los árboles han tomado su propia esencia.

TEORIA DE LAS IDEAS DE PLATON

Disculpen me falta graficar el ejemplo con un dibujo

b) El mundo de las cosas (materiales) sólo es una “participación” del mundo de las Ideas. En efecto, cada cosa, según nuestro filósofo, la tiene ya existe porque la está participando de las correspondientes ideas. (En nuestro gráfico: si manzano, pino y álamo son “árboles” y existen, lo son y existen porque participan de la idea de árbol.
Oigamos al propio Platón refiriéndose al tema correspondiente a los dos puntos enunciados: “Ella (la idea) es por sí, para sí, consigo, siempre inmutable; y las otras cosas… participan de ella en tal forma, que, ahí donde ellas nacen y perecen, ella ni crece, ni disminuye, ni sufre ningún otro cambio”. (Banquete, XXIX). “Pero vuelve nuevamente a aquella s ideas hoy famosas, y comienzo con ellas, suponiendo que hay un bello de por sí, y uno grande, y continuando así… Me parece a mí que, si hay alguna otra cosa bella además de la belleza misma, no es bella por ninguna otra razón, sino porque de la belleza, y así digo de cada otra cosa. ¿Conscientes tú en esta razón?... Ninguna otra causa la hace ser bella, salvo la presencia o la comunión con aquella belleza, de cualquier manera esto sucede, pues no lo sé con certeza…” (Fedón, XLIX).
c) En consecuencia, el mundo más autentico y real es el mundo de las Ideas. El mundo de las cosas, en cambio, sólo tiene la débil realidad de su participación en las Ideas, es un mundo engañoso, más bien aparente, cambiante. En el libro VII de “La República” (al comenzar) Platón nos propone su famosa “alegoría de la caverna” con la que precisamente intenta explicarnos, mediante una comparación, la realidad e irrealidad de uno y otro de estos dos mundos, respectivamente. Nos pinta allí la situación del “hombre terreno” en la humilde y precaria condición de quien debe contentarse sólo con este mundo aparente y desteñido de la materia, al que llegamos por el conocimiento sensorial. En contraste con ello, nos hace entender también en la misma alegoría cuán diferente y cuánto más real es el mundo de las ideas. A él se llega por la inteligencia por medio del razonamiento, como lo que es eternamente de una manera; lo otro (las cosas), al contrario, es opinable con la opinión, por medio del sentido racional, en cuanto se engendran y perece y nunca es verdaderamente” (Timeo, V).
Tales son las principales afirmaciones de la teoría platónica, por lo que respecta a su concepción del ser y la realidad. Muchas otras afirmaciones curiosas e importantes están comprendidas en su “Teoría de las Ideas”, pero no se refieren directamente al tema que nos ocupa (su concepción del hombre, la teoría gnoseológica de la reminiscencia, su dialéctica, etc.).

Según Platón, el ser verdaderamente real es el de las Ideas subsistentes. Ellas existen en su propio mundo. Las “cosas” materiales, que conocemos mediante los sentidos, sólo son una débil y disminuida participación del ser pleno de las Ideas.

EL SER EN PARMENIDES Y PLATON

No obstante las diferencias (que ya se habrán advertido) las teorías de Platón y Parménides representan, desde algún punto de vista, una reacción filosófica similar ante “el problema del ser”. Uno y otro en efecto, ven al ser fuera del mundo sensible y material, al que consideran irreal y engañoso. Ambos creen, en cambio, en la realidad plena del mundo llamado “inteligible” (del ser para Parménides, de las ideas para Platón). Al reconocer ambos la universidad de estos conceptos inteligibles les otorgan realidad propia, les hacen subsistentes.
La misma reacción señalada origina, sin embargo, en uno y otro filósofo resultados diversos. Parménides concluye que sólo existe una realidad (concepción monista del ser). Platón, por el contrario, concluyen la existencia de muchas realidades, que son las diferentes ideas, aunque admita un orden y jerarquía entre ellas (concepción pluralista del ser).
Así surgidas de un mismo primer ímpetu racionalista, tenemos entonces las dos primeras concepciones del ser: monismo espiritual y pluralismo espiritual.

Sobre la base de un común racionalismo, que resta realidad al ser concreto-material, Parménides y Platón nos presentan dos concepciones espirituales diferentes del ser: monisma y pluralista, respectivamente.

3.- EL PROBLEMA DEL SER EN ARISTOTELES

Aristóteles (384-322 a.C.) discípulo de Platón, merece también el calificativo de uno de los más grandes filósofos de la historia. Tal vez deberíamos llamarle el más grande, si tuviéramos en cuenta, el vastísimo campo abarcado por ella (con un número increíble de obras escritas) y su grande y equilibrada coincidencia con el sentido común. Al independizarse de su maestro Platón, funda en Atenas su propia institución docente, el Liceo. Allí formó sus discípulos en la filosofía y en la ciencia empírica de la investigación (ciencias naturales. Antes de ello había sido en la corte de Macedonia el maestro privado del emperador Alejandro Magno.
La filosofía de Aristóteles constituye también un sistema perfecto y mucho más realista que el de Platón. Resulta, en cambio, difícil indicar cuál de sus muchas, importantes y perdurables teorías es el punto central de su sistema filosófico. Debemos agregar que en casi todos los puntos de su filosofía, Aristóteles se ha puesto al pensamiento de su maestro Platón, lo que no niega su admiración por él. Se le atribuye esta frase: “Amigo soy de Platón, pero más lo soy de la verdad”. Muchos siglos más tarde, en plena Edad Media (s.XIII), otro gran filósofo Santo Tomás de Aquino, hace suyas las teorías de Aristóteles, las perfecciona notablemente y las da a conocer definitivamente al mundo.

LA TEORIA ARISTOTELICA DEL SER

Si examinamos las dos teorías anteriormente expuestas (Parménides y Platón), advertiremos que en ambas el profundo análisis racional ha llevado a una conclusión clara: el hombre capta ideas muy universales o ilimitadas, en tanto que las cosas materiales, que la experiencia conoce, son singulares y muy limitadas. Parménides y Platón llegaron a la conclusión que debían elegir entre uno de estos dos mundos: o el mundo ilimitado de las grandes ideas (única idea, en el caso de Parménides) o el mundo material y concreto de lo singular. Ambos se decidieron por el primero de estos dos mundos, para no renunciar a lo que su inteligencia veía con claridad, y desecharon como engañoso e irreal al mundo material.
¿Cuál es la actitud de Aristóteles frente al mismo problema? Igual que ellos, reconoce el carácter universal de las ideas y su contraste con la limitación de las cosas concretas. Pero ya dijimos que Aristóteles era profundamente realista. Por eso mismo, Aristóteles no querrá negar ni quitar un ápice de realidad a estas cosas concretas que su experiencia le muestra como innegablemente verdaderas. ¿Cómo conciliar lo uno con lo otro? ¿Cómo explicarse al mismo tiempo el carácter universal e inmutable de las ideas o esencias y la realidad cambiante y limitada de las cosas concretas? La primera respuesta (todavía no metafísica pero si gnoseológica) ya la conocemos: es la teoría aristotélica de la abstracción. En virtud de ella, Aristóteles explica que las ideas efectivamente son universales, pero existen como tales sólo en la mente del hombre es decir como “esencias concebidas”. Para Aristóteles no hay un mundo de Ideas subsistentes, conforme lo imaginara Platón. ¿Y que relación tienen estas “ideas” universales con las cosas concretas y limitadas? Aristóteles responde con mucho realismo que es el hombre quien forma las ideas en su intelecto y lo hace a partir del conocimiento sensorial de las cosa. De ellas, o mejor, de sus imágenes, obtiene por abstracción las ideas universales e inmutables. Pero entonces, ¿Las ideas que el hombre concibe son un invento suyo que no corresponde a nada real? Tampoco; las esencias que el hombre concibe en sus ideas son una realidad en las cosas, pero no como universal (así existen solo en la mente) sino como esencias concretas. De esta manera mediante su teoría célebre de la abstracción, Aristóteles unió los dos mundos que habían separado Parménides y Platón y defendió el valor de ambos, principalmente de ese despreciado mundo de las cosas materiales, disminuyendo la exagerada realidad que aquellos filósofos otorgaron al mundo inteligible de las ideas.

En una primera reacción gnoseológica, Aristóteles vuelve a unir los dos mundos (mundo inteligible y mundo material) que Parménides y Platón habían separado. Lo hace mediante su “teoría de la abstracción”. Rehabilita la importancia del mundo material y rechaza el realismo exagerado que se había otorgado al mundo inteligible por sus dos antecesores.

Por lo que toca a la realidad y noción misma del “ser” lo principal de la respuesta aristotélica va dirigido en contra de la teoría de Parménides.
Si bien se recuerda Parménides captó muy claramente la unidad de la noción de “ser” y su carácter de “lilimitada” e “inmutable”. En efecto, ¿Qué podría limitar al ser y, en consecuencia, multiplicarle como no fuera la nada, que por ser tal es inoperante? No lo encontró Parménides en ninguna de sus reflexiones. Por otra parte, ¿Cómo podría hacer algún “cambio” o “transformación” (movimiento o mutación) en las cosas, si todo cambio supondría que “algo comienza a ser y antes no era”, lo que Parménides demostró imposible (inmutabilidad del ser, véase)? Aristóteles dará la respuesta con otra de sus teorías, la teoría de la Ponencia y el Acto.
Según Aristóteles, Parménides llego a negar el cambio y la pluralidad de los seres porque no vio frente al ser otra cosa que el no-ser. Aristóteles la ve y la llama potencia. Cuando un nuevo ser aparece o cambia, según Aristóteles, no surge por cierto del no-ser absoluto (la nada), eso es evidente; pero sí surge de la potencia o capacidad (en griego “dínamis”) de otro ser. El movimiento o cambio, en consecuencia, no es otra cosa que el paso de la potencia a la existencia. Dos estados del ser distingue, por lo tanto, Aristóteles: el ser “en acto” (o ser exigente) y el ser “en potencia” (o capaz de existir). Siempre que no se nos entienda mal, afirmaremos como conclusión que entre la nada y el ser Aristóteles ve otra cosa, “la potencia” o el poder-ser.
Tenemos un ejemplo científico y que nos afecta bastante: Cada uno de nosotros posee un sin número de características, rasgos y modales que ha heredado de sus padres, abuelos o bisabuelos, etc. ¿Cómo se nos han transmitido esos rasgos? A través de unos corpúsculos inmensamente pequeños, que son los cromosomas. ¿Se podría decir que aun mucho antes de nacer ya estaban determinados, en esa primera célula que éramos, los rasgos y modales que mostraríamos más tarde? No se puede negar; así es. Aún no teníamos ojos y, sin embargo, ya esta determinado (en el feto) el color de nuestros ojos. Aún no teníamos nariz; pero ya estaba determinada la forma de ella. Pero, ¿de que manera estaba todo esto, si aun no existía en la realidad? La única teoría que ha podido responder tal pregunta es la teoría aristotélica: nuestros rasgos, modales y características hereditarios existieron ya “en potencia” en los cromosomas. Después, con nuestro desarrollo, se transformaron en “acto”. Así presentada, la “potencia” aristotélica no es ni un ser pleno (por que todavía no es) ni tampoco será nada (puesto que es una capacidad “real”). A esta forma potencial de existir el vocabulario moderno la llamó “existencia virtual”. Si la analizamos bien, la potencia es una paradojal forma de ser y no-ser al mismo tiempo (aunque desde diferente ángulo en cada caso). Parménides y Platón no vieron esta verdad.
Con la “Teoría de Potencia y Acto” Aristóteles resuelve de modo integral dos problemas insatisfactoriamente resueltos por sus dos antecesores. En virtud de ella, fue posible sostener el “ser” y el “cambio”, si negar ni uno ni otro. Mediante la “potencia” es también posible explicar la “aparición” de nuevos seres, sin tener que declararlos eternos. Con esa misma “potencia” se explica por qué hay muchos seres, no uno solo (pluralismo realista) y por qué cada ser concreto es limitado. En efecto, es de nuevo la potencia la que limita.
Con Aristóteles hemos llegado a una Ontología integral y satisfactoria.