nvdnestor http://nvdnestor.lacoctelera.net es-es Viajes /imag/ed/hombre65x65.png nvdnestor http://nvdnestor.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Certeza y Evidencia http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2008/04/02/certeza-y-evidencia 2008-04-02T04:44:23+00:00 CERTEZA Y EVIDENCIA

Conversemos sobre la "Certeza". ¿Qué significa que un juicio sea cierto y evidente? Leamos con atención el siguiente párrafo del pro­fesor Dr. José María Veloz.

CERTEZA: "El fuego quema": He aquí un juicio al cual califico de cier­to. ¿Qué significa esto? Advierto ante todo qué se trata de un juicio verdadero, cuya verdad o conformidad con el objeto queda garantizado por la claridad o evidencia con que dicho objeto se me aparece (o sea, por las razones probatorias de que el fuego tiene dicho poder), Reparo lue­go que, debido a la clara percepción de esta verdad, mi mente asiente a ella con firmeza, es decir, sin dudar.

Este asentimiento muestra, pues, dos propiedades: Ser firmes y estar fun­dados en la evidencia? ambos , unidos, constituyen la CERTEZA del juicio. Tenemos ya con ellos los elementos que deben integrar la definición de CERTEZA, la cual puede formularse considerándola, bien en abstracto, como cualidad del juicio, bien en concreto, encarnada por decirlo así, en el juicio cierto. Para su mayor sencillez, la definiremos en esta segunda forma, caracterizándola como un asentimiento firme, fundado en la evi­dencia, aunque normalmente a la certeza sé acompaña un estado sentimen­tal de sosiego, este estado no integra la esencia de la certeza, pudiendo darse simultáneamente la existencia de un sentimiento de inquietud.

El aspecto psicológico de la certeza, es decir, el asentimiento firme, recibe también el nombre de convicción principalmente cuando, se trata no de un acto transitorio, sino de una actitud mental permanente.

Si la convicción posee fundamento lógico, es -decir, si descansa en ra­zones plenamente objetivas de que la cosa es tal cómo el juicio dice (en otros términos, si se "apoya en la evidencia del objeto, única ga­rantía de la verdad de la afirmación), la certeza se llama CERTEZA OB­JETIVA. En caso contrario, la CERTEZA no pasa de ser puramente subjeti­va y se puede acompañar fácilmente a la falsedad. Así, los antiguos, ba­sándose en razones inconsistentes, afirmaban que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Desgraciadamente el hombre afirma muchas veces sin eviden­cia del objeto y esta precipitación le hunde en el error.

Consideremos ahora la certeza desde el punto de vista de su fundamentacion, por ejemplo, las proposiciones:

"El todo es mayor que la parte”. Este trozo de madera, echado al fuego, se quemará". "Fulano, hombre de probada rectitud moral y mentalmente sa­no, no envenenará a nadie". En las tres proposiciones hay evidencia del objeto, pero estas evidencias no son dé la misma clase. La primera se apoya en el principio de no contradicción (evidencia metafísica) y la segunda tiene su fundamento en el principio de la uniformidad y constan­cia de las leyes naturales (evidencia física) y la tercera descansa en el modo normal de proceder de los seres inteligentes y libres. Salta a la vista que la imposibilidad de lo opuesto no es del mismo grado en los tres casos. Absoluta en el primero, en el segundo esta supeditada al curso regular de la naturaleza, que puede ser suspendido excepcionalmente por la causa primera y depende en el tercero del obrar ordinario de las causas libres, susceptibles de alteración, como alguna vez ocurre.

De acuerdo con la naturaleza de su diverso fundamento lógico, la cer­teza de las tres proposiciones será "Metafísica", "Física" y Moral” respectivamente. Ahora bien, como la posible evidencia de un objeto puede inscribirse en uno de estos tres grupos, su certeza permanecerá igualmente a una de las tres clases mencionadas.

Notemos también que no cabe una, autentica certeza sin conocimiento ex­plícito de las razones que la sostiene. Esta es la denominada “Certeza Natural” o "Espontánea”, fundamentada lógicamente en razones suficientísimas, pero implícitas. Nadie duda, por ejemplo, de la existencia de un mundo exterior a nosotros; pocos serán, no obstante, quienes sepan justificar su convicción.

Cuando las razones se ponen al descubierto, la certeza se hace científica..

Ejercitación:

a) ¿Qué entiende el autor por el concepto de certeza?

b) ¿Que entiendo yo por el concepto de certeza?

C) ¿Como puedo aplicar "La Certeza" ante la evidencia con que se me entregan los conocimientos en el colegio; en el hogar, en la T.V.?

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TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2007/10/19/trastorno-la-personalidad 2007-10-19T19:41:26+00:00 Los trastornos de la personalidad son un conjunto de características más o menos estables de la forma de ser de las personas, que les hace ser como son en sus pensamientos, sentimientos y comportamientos.

Se entiende que una persona tiene un Trastornos de la Personalidad cuando sus características de personalidad son tan rígidas y desadaptativas que le impiden amoldarse a muchas vivencias y situaciones normales de la vida, ente las cuales reacciona de una forma estereotipada que provoca siempre problemas específicos y previsibles (por ejemplo, sufre siempre decepciones en las relaciones personales, tiene dificultades laborales y sociales permanentes, etc.).

Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación que son relativamente fijos, inflexibles y socialmente desadaptados, incluyendo una variedad de situaciones.

Cada uno tiene patrones característicos de percepción y de relación con otras personas y situaciones (rasgos personales). Dicho de otro modo, toda la gente tiende a enfrentarse a las situaciones estresantes con un estilo individual pero repetitivo. Por ejemplo, algunas personas tienden a responder siempre a una situación problemática buscando la ayuda de otros. Otras siempre asumen que pueden manejar los problemas por sí mismas. Algunas personas minimizan los problemas, otras los exageran.

Aunque la gente tiende a responder siempre del mismo modo a una situación difícil, la mayoría es propensa a intentar otro camino si la primera respuesta es ineficaz. En contraste, las personas con trastornos de la personalidad son tan rígidas que no pueden adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad operacional. Sus patrones desadaptados de pensamiento y comportamiento se hacen evidentes al principio de la edad adulta, frecuentemente antes, y tienden a durar toda la vida. Son personas propensas a tener problemas en sus relaciones sociales e interpersonales y en el trabajo.

Las personas con trastornos de la personalidad generalmente no son conscientes de que su comportamiento o sus patrones de pensamiento son inapropiados; por el contrario, a menudo creen que sus patrones son normales y correctos. Con frecuencia, los familiares o los asistentes sociales los envían a recibir ayuda psiquiátrica porque su comportamiento inadecuado causa dificultades a los demás. En cambio, la gente con trastornos por ansiedad se causa problemas a sí misma pero no a otros. Cuando las personas con trastornos de la personalidad buscan ayuda por sí mismas (frecuentemente, a causa de frustraciones), tienden a creer que sus problemas están causados por otras personas o por una situación particularmente dificultosa.

Cuatro áreas de la experiencia y de la conducta humana se suelen afectar de distinto modo en los Trastornos de Personalidad: la afectiva (humor o estado de ánimo), la del control de los impulsos (agresivos, sexuales, etc.), la cognitiva (pensamientos) y la de las relaciones interpersonales

TIPOS DE TRASTORNOS

Personalidad Paranoide. Personalidad Ezquizoide, Personalidad Esquizotípica, Personalidad Histriónica, Personalidad Narcisista, Personalidad Antisocial, Personalidad Límite, Personalidad Evitadota, Personalidad Dependiente, Personalidad Obsesivo-Compulsivo, Personalidad Pasiva-Agresiva

Personalidad paranoide

Las personas con una personalidad paranoide proyectan sus propios conflictos y hostilidades hacia otros. Son generalmente frías y distantes en sus relaciones. Tienden a encontrar intenciones hostiles y malévolas detrás de los actos triviales, inocentes o incluso positivos de otras personas y reaccionan con suspicacia a los cambios en las situaciones. A menudo, las suspicacias conducen a conductas agresivas o al rechazo por parte de los demás (resultados que parecen justificar sus sentimientos originales).

Los que tienen una personalidad paranoide frecuentemente intentan acciones legales contra otros, especialmente si se sienten indignados con razón. Son incapaces de ver su propio papel dentro de un conflicto. Aunque suelen trabajar en relativo aislamiento, pueden ser altamente eficientes y concienzudos.

A veces las personas que ya se sienten alienadas a causa de un defecto o una minusvalía (como la sordera) son más vulnerables a desarrollar ideas paranoides.

Personalidad esquizoide

Las personas con una personalidad esquizoide son introvertidas, ensimismadas y solitarias. Son emocionalmente frías y socialmente distantes. A menudo están absortas en sus propios pensamientos y sentimientos y son temerosas de la aproximación e intimidad con otros. Hablan poco, son dadas a soñar despiertas y prefieren la especulación teórica a la acción práctica. La fantasía es un modo frecuente de enfrentarse a la realidad.

Personalidad esquizotípica

Las personas con una personalidad esquizotípica, al igual que aquellas con una personalidad esquizoide, se encuentran social y emocionalmente aisladas. Además, desarrollan pensamientos, percepciones y comunicaciones insólitas. Aunque estas rarezas son similares a las de las personas con esquizofrenia, y aunque la personalidad esquizotípica se encuentra a veces en la gente con esquizofrenia antes de que desarrollen la enfermedad, la mayoría de los adultos con una personalidad esquizotípica no desarrolla esquizofrenia. Algunas personas muestran signos de pensamiento mágico (la idea de que una acción particular puede controlar algo que no tiene ninguna relación con ella). Por ejemplo, una persona puede creer que va a tener realmente mala suerte si pasa por debajo de una escalera o que puede causar daño a otros teniendo pensamientos de ira. La gente con una enfermedad esquizotípica puede tener también ideas paranoides.

Personalidad histriónica

Las personas con una personalidad histriónica (histérica) buscan de un modo notable llamar la atención y se comportan teatralmente. Sus maneras vivamente expresivas tienen como resultado el establecer relaciones con facilidad pero de un modo superficial. Las emociones a menudo aparecen exageradas, infantilizadas e ideadas para provocar la simpatía o la atención (con frecuencia erótica o sexual) de los otros. La persona con personalidad histriónica es proclive a los comportamientos sexualmente provocativos o a sexualizar las relaciones no sexuales. Pueden no querer en realidad una relación sexual; más bien, sus comportamientos seductores a menudo encubren su deseo de dependencia y de protección. Algunas personas con personalidad histriónica también son hipocondríacas y exageran sus problemas físicos para conseguir la atención que necesitan.

Personalidad narcisista

Las personas con una personalidad narcisista tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propio valor o importancia, lo que los psiquiatras llaman “grandiosidad”. La persona con este tipo de personalidad puede ser extremadamente sensible al fracaso, a la derrota o a la crítica y, cuando se le enfrenta a un fracaso para comprobar la alta opinión de sí mismos, pueden ponerse fácilmente rabiosos o gravemente deprimidos. Como creen que son superiores en las relaciones con los otros, esperan ser admirados y, con frecuencia, sospechan que otros los envidian. Sienten que merecen que sus necesidades sean satisfechas sin demora y por ello explotan a otros, cuyas necesidades o creencias son consideradas menos importantes. Su comportamiento es a menudo ofensivo para otros, que les encuentran egocentristas, arrogantes o mezquinos.

Personalidad antisocial

Las personas con personalidad antisocial (en otro tiempo llamada psicopática o personalidad sociopática), la mayor parte de las cuales son hombres, muestran desprecio insensible por los derechos y los sentimientos de los demás. Explotan a otros para obtener beneficio material o gratificación personal (a diferencia de los narcisistas, que creen que son mejores que los otros). Característicamente, tales personas expresan sus conflictos impulsiva e irresponsablemente. Toleran mal la frustración y, en ocasiones, son hostiles o violentas. A pesar de los problemas o el daño que causan a otros por su comportamiento antisocial, típicamente no sienten remordimientos o culpabilidad. Al contrario, racionalizan cínicamente su comportamiento o culpan a otros. Sus relaciones están llenas de deshonestidades y de engaños. La frustración y el castigo raramente les ocasionan la modificación de sus conductas.

Las personas con personalidad antisocial son frecuentemente proclives al alcoholismo, a la toxicomanía, a las desviaciones sexuales, a la promiscuidad y a ser encarceladas. Son propensas a fracasar en sus trabajos y a trasladarse de un sitio a otro. Frecuentemente tienen una historia familiar de comportamiento antisocial, abuso de sustancias, divorcio y abusos físicos. En su niñez, generalmente, fueron descuidados emocionalmente y con frecuencia sufrieron abusos físicos en sus años de formación. Tienen una esperanza de vida inferior a la media, pero entre los que sobreviven, esta situación tiende a disminuir o a estabilizarse con la edad.

Personalidad límite

Las personas con una personalidad límite, la mayor parte de las cuales son mujeres, son inestables en la percepción de su propia imagen, en su humor, en su comportamiento y en sus relaciones interpersonales (que a menudo son tormentosas e intensas). La personalidad límite se hace evidente al principio de la edad adulta pero la prevalencia disminuye con la edad. Estas personas han sido a menudo privadas de los cuidados necesarios durante la niñez. Consecuentemente se sienten vacías, furiosas y merecedoras de cuidados.

Cuando las personas con una personalidad límite se sienten cuidadas, se muestran solitarias y desvalidas, frecuentemente necesitando ayuda por su depresión, el abuso de sustancias tóxicas, las alteraciones del apetito y el maltrato recibido en el pasado. Sin embargo, cuando temen el abandono de la persona que las cuida, su humor cambia radicalmente. Con frecuencia muestran una cólera inapropiada e intensa, acompañada por cambios extremos en su visión del mundo, de sí mismas y de otras (cambiando del negro al blanco, del amor al odio o viceversa pero nunca a una posición neutra). Si se sienten abandonadas y solas pueden llegar a preguntarse si realmente existen (esto es, no se sienten reales). Pueden devenir desesperadamente impulsivas, implicándose en una promiscuidad o en un abuso de sustancias tóxicas. A veces pierden de tal modo el contacto con la realidad que tienen episodios breves de pensamiento psicótico, paranoia y alucinaciones.

Estas personas son vistas a menudo por los médicos de atención primaria; tienden a visitar con frecuencia al médico por crisis repetidas o quejas difusas pero no cumplen con las recomendaciones del tratamiento. Este trastorno es también el más frecuentemente tratado por los psiquiatras, porque las personas que lo presentan buscan incesantemente a alguien que cuide de ellas.

Personalidad evitadora

La gente con una personalidad evitadora es hipersensible al rechazo y teme comenzar relaciones o alguna otra cosa nueva por la posibilidad de rechazo o de decepción. Estas personas tienen un fuerte deseo de recibir afecto y de ser aceptadas. Sufren abiertamente por su aislamiento y falta de habilidad para relacionarse cómodamente con los otros. A diferencia de aquellas con una personalidad límite, las personas con una personalidad evitadora no responden con cólera al rechazo; en vez de eso, se presentan tímidas y retraídas. El trastorno de personalidad evitadora es similar a la fobia social.

Personalidad dependiente

Las personas con una personalidad dependiente transfieren las decisiones importantes y las responsabilidades a otros y permiten que las necesidades de aquellos de quienes dependen se antepongan a las propias. No tienen confianza en sí mismas y manifiestan una intensa inseguridad. A menudo se quejan de que no pueden tomar decisiones y de que no saben qué hacer o cómo hacerlo. Son reacias a expresar opiniones, aunque las tengan, porque temen ofender a la gente que necesitan. Las personas con otros trastornos de personalidad frecuentemente presentan aspectos de la personalidad dependiente, pero estos signos quedan generalmente encubiertos por la predominancia del otro trastorno. Algunos adultos con enfermedades prolongadas desarrollan personalidades dependientes.

Personalidad obsesivo-compulsiva

Las personas con personalidad obsesivo-compulsiva son formales, fiables, ordenadas y metódicas pero a menudo no pueden adaptarse a los cambios. Son cautos y analizan todos los aspectos de un problema, lo que dificulta la toma de decisiones. Aunque estos signos están en consonancia con los estándares culturales de occidente, los individuos con una personalidad obsesivo-compulsiva toman sus responsabilidades con tanta seriedad que no toleran los errores y prestan tanta atención a los detalles que no pueden llegar a completar sus tareas. Consecuentemente, estas personas pueden entretenerse en los medios para realizar una tarea y olvidar su objetivo. Sus responsabilidades les crean ansiedad y raramente encuentran satisfacción con sus logros.

Estas personas son frecuentemente grandes personalidades, en especial en las ciencias y otros campos intelectuales en donde el orden y la atención a los detalles son fundamentales. Sin embargo, pueden sentirse desligadas de sus sentimientos e incómodas con sus relaciones u otras situaciones que no controlan, con eventos impredecibles o cuando deben confiar en otros.

Personalidad pasiva-agresiva

Los comportamientos de una persona con una personalidad pasiva-agresiva (negativista) tienen como objetivo encubierto controlar o castigar a otros. El comportamiento pasivo-agresivo es con frecuencia expresado como demora, ineficiencia y malhumor. A menudo, los individuos con una personalidad pasiva-agresiva aceptan realizar tareas que en realidad no desean hacer y luego proceden a minar sutilmente la finalización de esas tareas. Ese comportamiento generalmente sirve para expresar una hostilidad oculta.

Cambiar una personalidad requiere mucho tiempo. Ningún tratamiento a corto plazo puede curar con éxito un trastorno de la personalidad pero ciertos cambios pueden conseguirse más rápidamente que otros. La temeridad, el aislamiento social, la ausencia de autoafirmación o los exabruptos temperamentales pueden responder a la terapia de modificación de la conducta. Sin embargo, la psicoterapia a largo plazo (terapia hablada), con el objetivo de ayudar a la persona a comprender las causas de su ansiedad y a reconocer su comportamiento desadaptado, es la clave de la mayoría de los tratamientos. Algunos tipos de trastornos de personalidad, como el narcisista o el obsesivo-compulsivo, pueden tratarse mejor con el psicoanálisis. Otros, como los tipos antisocial o paranoide, raramente responden a una terapia.

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El imperativo categórico http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2007/09/24/el-imperativo-categorico 2007-09-24T05:48:56+00:00 ¿Cuál es esa ley que toda acción humana debe respetar para ser considerada moralmente buena?

Para responder esta pregunta, Kant plantea la diferencia entre máximas y leyes prácticas. Las primeras son todas aquellas reglas que rigen la conducta de un indi­viduo, pero que son válidas sólo para él mismo. Las máximas son principios subje­tivos de la acción. Las leyes prácticas, en cambio, son principios objetivos de la ac­ción, o imperativos, es decir, "un deber ser que expresa la obligación objetiva de la acción".

Los imperativos mandan a obrar porque indican lo que toda persona debe ha­cer. Porque si bien el hombre es un ser racional, no es la razón el único motivo que determina a la voluntad. Ésta también puede dejarse determinar por las inclinacio­nes, los deseos, las necesidades. Dicho de otra manera, como el hombre no quiere siempre lo que debe, es necesario que se rija por imperativos que le dicta la razón.

Ahora bien, éstos pueden ser imperativos hipotéticos o categóricos. Los prime­ros determinan la voluntad en función de cierto fin deseado, son más bien precep­tos de habilidad. Decir, por ejemplo, que "se debe trabajar y ahorrar en la juventud para no morir de hambre en la vejez". Este precepto práctico de la voluntad surge de la razón pero no se puede exigir por igual a todos los hombres. De lo cual se desprende que este imperativo está condicionado a la capacidad y a las condicio­nes de cada sujeto.

En cambio, un imperativo es categórico cuando manda a obrar de un modo ne­cesario a todos los hombres por igual, independientemente de sus condiciones subjetivas, y siempre de esa manera, independientemente de cualquier circunstan­cia. Por eso, sólo estos últimos son leyes prácticas. Dice Kant que la ley moral es "un imperativo que ordena categóricamente porque la ley es absoluta; la relación de la voluntad con esta ley es de dependencia, con el nombre de obligatoriedad, que significa una imposición [...] para una acción que se llama deber".

Esa ley no indica que debe hacerse esto o lo otro, sino que conserva sólo la for­ma pura de la legalidad. Esa ley dice así:

"Obra de tal manera que quieras que la máxima de tu voluntad se convierta en ley universal".

Dicho de manera muy sencilla, lo que vale para una persona debe valer para to­dos en esa misma situación. Éste es el imperativo categórico, única ley moral, prin­cipio absoluto y fundamento de la moralidad, porque es principio objetivo univer­sal. La acción realizada por respeto a la ley es el deber, y cumplir con éste es la condición de una voluntad buena en sí misma.

Esto quiere decir que, ante la pregunta de qué debo hacer, la respuesta es: de­bo hacer que mi máxima, el principio subjetivo que orienta mi acción, pueda valer como ley universal para todo ser racional.

Atendamos al siguiente ejemplo: Si voy por la calle y veo que a alguien se le cae su billetera y sigue su camino sin darse cuenta, y en ese momento nadie está mi­rando lo que sucede, ¿qué debo hacer? Puedo quedármela porque total nadie me está viendo y la persona interesada no se percató de lo sucedido, o bien puedo de­volvérsela. ¿Quién determina en este caso lo que está bien y lo que está mal? Kant contestaría: la ley moral. ¿Cómo debo proceder? Debo confrontar el principio sub­jetivo de mi acción con la ley moral: si cumple con lo que esta ley indica, la acción es buena y debe ser realizada, si no, es mala, por lo cual debe evitarse.

Apliquemos esta indicación al ejemplo: supongamos que elijo la primera op­ción, entonces actúo movido por mis impulsos. La máxima que me construyo en este caso diría: cada vez que alguien ve un objeto que no le pertenece, y si nadie lo está viendo, puede apropiárselo. Vemos aquí que, al confrontarlo con la ley mo­ral, esta máxima no se puede sostener porque estaríamos admitiendo como válido para todos el apropiarse de lo que es ajeno. En cambio, si elijo la segunda opción y la confronto con la ley moral, la máxima que me formo sería la siguiente: cada vez que alguien ve un objeto que no le pertenece, y aunque nadie lo esté mi­rando, debe devolverlo. Si esto es admisible como ley válida para todo hombre, luego es lo que debe ser hecho.
Esto nos conduce a la segunda característica de una buena voluntad. Es autó­noma porque se da a sí misma sus leyes. La opuesta sería una voluntad heteróno-ma, es decir, aquella que no depende de la razón, sino de los impulsos o del pro­pio interés. La autonomía es el fundamento de la dignidad de la naturaleza racio­nal del hombre. Por eso afirmar que la voluntad es libre significa afirmar que es principio de su acción, no depende de otro para actuar, es causa de sus propios actos, porque tiene en sí misma el principio de determinación, el cual, como vi­mos, es el imperativo categórico

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Inteligencia Emocional http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2007/08/21/inteligencia-emocional 2007-08-21T02:22:57+00:00 La Inteligencia Emocional

Al hablar de Inteligencia Emocional podríamos desarrollar personalmente un ejercicio de reafirmación y re – dirección de Visión, Misión y Valores Personales, Familiares, Profesionales y Ciudadanos, a través de preguntas activas simulaciones y visualizaciones de las cosas que influyen filosóficamente en nuestra vida, sueños y principios sobre las cuales basamos nuestro actuar.
En esta época de grandes y constantes cambios en todas las esferas de nuestra existencia en la que se nos exige estar preparados para enfrentarlos, ya que estos cambios cada día son mayores, más rápidos, más violentos, mucho más traumáticos, más ligados a un ambiente de gran incertidumbre, de una competitividad que no se había tenido antes motivada a la globalización que le impone todo tipo de exigencias a las organizaciones, ocasionando riesgo a su personal a veces sin tomar conciencia de el, nuestra salud física y emocional, buscando el Desarrollo y Talento como tal, podríamos llamarlo el tema clave dentro de las organizaciones protagonistas.

Recordando que ante todo somos seres humanos, que tenemos necesidades y metas, las aceptemos, o no racionalmente. Una de las necesidades principales es El Vació Personal de emociones, sentimiento y caricias que deben ser llenados, ya que esto determina y organiza todos los procesos mentales y comportamiento total direccionado con motivación al logro.
Dentro del contexto también estaremos analizando el mantenimiento físico, seguridad, competencias, reconocimientos, poder, éxito, esperanza, habilidades, destrezas, entrenamientos, desde luego esta no es una lista completa de las necesidades físicas, psicológicas y espirituales del ser humano, pero si representan factores que son comunes en el trabajo


Últimamente se les ha dado a los factores emocionales la importancia debida en el tiempo y espacio incluyéndolos en el optimo desempeño de las actividades profesionales, donde las personas como individuos, como gerentes y como líder donde cada uno de ellos tienen sus diferencias en muchos aspectos y áreas, pero que como ser humano esta dentro de los Principios de la Inteligencia Emocional

La Inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social.

El rendimiento escolar del estudiante depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Los objetivos a reeducar como clave fundamental son los siguientes:

1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.

2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.

3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.

4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.

5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.

6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.

7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.

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Esencia del conocimiento (Segunda Parte) http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2007/08/20/esencia-del-conocimiento-segunda-parte- 2007-08-20T01:32:30+00:00 2° Parte La esencia del conocimiento
a) El conocimiento es como una "apropiación" del ob­jeto por parte del sujeto. En efecto, al conocer algo, nos ha­cemos "dueños", en cierto sentido, de lo conocido: por eso decimos que hemos adquirido nuevos conocimientos. Tal apropiación intelectual de las cosas tiene cierta analogía con el fenómeno biológico de la asimilación de los alimentos; ya que lo asimilado pasa a formar parte del animal; pero es­ta "asimilación" del objeto por parte del sujeto no destruye la integridad del objeto (como el viviente destruye las ma­terias que asimila) ni les disminuye su existencia real objetiva (no porque algo sea conocido, dejará de existir). Por lo tanto el objeto conocido tiene una doble existencia: en mí y fuera de mí.

b) El conocimiento es como una "fecundación" del su­jeto por parte del objeto. Tal cosa ya la habían advertido los filósofos de la Edad Media, pues denominaron "concepto" al producto mental de la actividad cognoscitiva (Concepto significa, en latín, "lo concebido", "lo engendrado”. ¿Por qué el conocer es una "concepción"? Lo es "en cierta forma, porque de aquella relación entre sujeto y objeto resulta un ser nuevo, ideal, denominado "imagen" (si es expresión de lo concreto) o "idea" (si es expresión de lo abstracto).

c) Todo conocer es como un acto de "creación". Dentro de la infinidad de seres que pueden ser objeto de nuestro conocimiento, y dentro de la pluralidad de aspectos que po­demos advertir en cada ser, en cada instante sólo advertimos "esto" (esta cosa, este detalle). De modo que todo conocer constituye siempre un proceso de "selección". Tal selección no depende sólo de las características de lo conocido; depende fundamentalmente de nuestras propias características parti­culares. De modo que es una selección "personal" de lo que conocemos. Aún más, lo conocido, por el hecho de ser co­nocido, adquiere características que antes no tenía (adquie­re, por lo menos, nueva forma de existencia). De modo que el conocer es también una actividad humana "creadora".

Lo que hemos dicho hasta este momento acerca de la esen­cia del conocimiento parecería contradecirse con lo que afir­mamos en la Psicología (cf. sensación, mundo circundante, imágenes, etc.) respecto al conocimiento sensitivo. Pero no hay contradicción. Entonces, afirmábamos que la sensación no constituye un contacto "directo" con las cosas; que per­cibimos el mundo físico "en las imágenes" que los estímu­los producen en nosotros; que cada ser consciente tiene su propio "mundo circundante"; etc. Todo esto es muy cierto: pero sólo constituye un análisis psicológico del proceso del conocimiento; ahora estamos haciendo un análisis metafísica del mismo proceso, en que prescindimos de los detalles acci­dentales, del mecanismo a través del cual llegamos al cono­cimiento de las cosas (Lo descrito en la psicología es, efectivamente, el "mecanismo" del conocimiento). De modo que, aunque no nos sea posible un contacto directo con la rea­lidad, lo realmente conocido es la realidad (Si no ocurre, así, a veces es sólo por defectos de procedimiento). Mediante las imágenes (o los conceptos) conocemos la realidad, tal como vemos las cosas a través de los lentes (no vemos los anteojos mismos, salvo que los convirtamos en "objeto" de nuestro mirar).

Otro aspecto de nuestros conocimientos, que conviene des­tacar aquí, es que —normalmente— conocemos primero la existencia de algo y, a continuación, vamos conociendo, gra­dualmente, su esencia. En efecto, al "tropezar" en nuestra vida con las cosas, al tomar contacto con ellas, advertimos que "existen", y luego, al comparar el modo cómo ellas se conducen con nosotros (o con las demás cosas) con el modo de conducirse de otros seres, empezamos a diferenciarlas; es decir, vamos formándonos el concepto de su "esencia". De modo que el conocimiento de la existencia es, por lo general, instantáneo; mientras que el conocimiento de la esencia es gradual y perfectible. Luego, todo conocimiento de la esen­cia de algo, no sólo nos da un conocimiento de aquello, sino que perfecciona conjuntamente el resto de nuestros conoci­mientos (que se tornan más claros y precisos). Por consi­guiente, todo conocimiento es sólo un eslabón de esa larga cadena del conocer total; proceso que ocupa nuestra vida entera.

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¿Qué es la Filosofía? http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2007/04/03/aque-es-filosofia- 2007-04-03T02:09:40+00:00 ¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?

Filosofía significa “amor a la sabiduría”, al conocimiento.

Lo mas probable que en tu corta edad no te hallas topado con ninguna asignatura a la que se te pide que le tengas cariño. Las matemáticas son matemáticas, no “amor a los números”; no existe la asignatura de “amor a la literatura”, sino simple y llanamente literatura. Y en química se estudia la tabla periódica, sin que a nadie le importe si el estudiante o el químico tienen aprecio por los

elementos alcalinos.

Nos encontramos ahora con una disciplina que consiste en “amar la sabiduría”. Más bien promete ser lo contrario, y es posible que acabemos odiando a la dichosa sabiduría esa, y nos convirtamos en fobósofos, en lugar de filósofos. Al fin y al cabo, podemos decir, “yo quiero a quien me viene en

gana y a lo que me da la gana. ¿Está claro?”. Parece que no ha sido un buen comienzo. Vamos a intentarlo de otra forma.

¿Qué eso de la “Filosofía”? O por lo menos ¿qué es eso de “sabiduría”?, porque no parece fácil que pueda tener ningún aprecio a algo que no conozco en absoluto. ¿Ser filósofo es ser sabio? ¿Es conocer de memoria todas las respuestas que puedan hacer en cualquier concurso de televisión? ¿Ser el rey del trivial? ¿No fallar nunca ninguna pregunta en ningún examen?

Basta de preguntas, y vamos a intentar dar alguna respuesta. Podríamos decir que la dichosa Filosofía de la que estamos hablando es algo así como una modo distinto de ver las cosas, una manera diferente de ver la realidad. No como algo normal, sino como algo asombroso, tan asombroso como el mundo de los cuentos, en el que todo es extraordinario y puede uno cruzarse con un conejo que va hablando (como en “Alicia en el país de las maravillas”) o con calabazas que se convierten en carrozas, o... O a lo mejor se descubre que es un mundo de magia, en el que las cosas son así pero podrían ser de otra forma, y no todo el mundo se da cuenta de ello (somos capaces de acostumbrarnos a cualquier cosa), y por eso existen los muggles y los magos (Harry Potter).

También cabe que haya quien descubra que a lo mejor las cosas no son tan maravillosas como estamos diciendo, sino que a lo mejor estamos en un mundo que es una trampa, en el que nos están engañando de alguna forma, tal y como descubre el protagonista de Matrix (que reproduce el problema que se plantea ya el Mito de la Caverna, La vida es sueño, Descartes y su “demiurgo

maligno”, el de 1984, el de...) Pues bien, tanto unos como otros tienen en común que no se conforman con ver lo que todo el mundo ve, o con verlo como todo el mundo. Son capaces (desde Harry Potter hasta el fulano de Matrix) de “asombrarse” ante la realidad. Lo que para otros es normal, para ellos es asombroso, bien porque sea algo mágico o maravilloso, o bien porque no “se fían” sin más de lo que los demás se fían.

“Pero eso sucede sólo en los cuentos o en las películas." Eso es lo que diría cualquier smugle, o cualquier “conectado a Matrix”. En realidad, todos hemos tenido esta capacidad de asombro en nuestra infancia. Los niños miran todo con asombro, hasta su propio pie. Nada les parece rutinario o aburrido, al menos mientras son suficientemente pequeños.

Todo es sorprendente para un niño: un perro, una cafetera, que las cosas se caigan al suelo, una luz... Por eso los niños viven en una continua interrogación (¿por qué esto?, ¿por qué lo otro?) que poco a poco van perdiendo, quizá debido a que siempre se les responde con un “porque sí”, que termina por aburrirles y hacerles creer que las cosas son así porque es de buena educación que sean así. En esa situación sólo resulta asombroso lo aparente Pero no sólo los niños son capaces de asombrarse. Lo propio de los científicos, de los grandes sabios, es mirar con asombro lo que los demás ven y contemplan como lo más natural del mundo. La leyenda de Newton y la manzana es muy ilustrativa al respecto, pues a lo largo de la humanidad miles y miles de manzanas han golpeado a los incautos paseantes que se tumbaban al pie de sus árboles, pero a casi ninguno de ellos se le ocurrió asombrarse ante ese hecho. Pero mientras que la mayoría sólo fue capaz de obtener de ese golpe nada más que un chichón (y una manzana), Newton -según la leyenda-empezó a reflexionar sobre la gravitación universal. Pues bien, esta misma actitud, ese modo de ver las cosas con un asombro que nos lleva a preguntarnos su porqué es algo propio de los filósofos.

Es preciso hacer una aclaración importante: no es lo mismo el asombro (a veces también se llama admiración: “quedarse admirado o asombrado de algo”) que el estupor. El asombro es propio de los sabios, de los niños, de artistas, de los que no tienen una mirada rutinaria del mundo; el estupor es lo que define al estúpido. El estupor abunda y el asombro escasea, y hay que saber distinguirlos, pues uno y otro podrían parecer lo mismo a los ojos de muchos.

Ambos, el asombro y el estupor se producen ante algo que nos supera, que sentimos que se nos escapa de alguna forma. Cuando estamos asombrados de algo o ante algo nos preguntamos ¿cómo es posible que...? O ¿por qué...? Nos encantaría saber más de lo que estamos viendo, porque sabemos que hay más (como decíamos antes, lo mágico o misterioso que existe en las cosas) y vale la pena descubrirlo. Pero el estupor no tienen nada que ver con esto. El estupefacto se halla igualmente con algo que le supera, que siente que se le escapa; se encuentra boquiabierto ante una pizarra llena de números o de palabras que le resultan ininteligibles... pero no quiere saber nada de eso. Le supera y no le interesa: no hay quien lo entienda. Posiblemente todos hemos estado estupefactos alguna vez (tal vez muchas).

Cuando decimos “eso no hay quien lo entienda”, con frecuencia lo que queremos decir es que hemos perdido todo interés o toda esperanza en llegar a entender eso que no entendemos. Nos volvemos sordos a cualquier explicación que nos puedan hacer. Estamos a veces estupefactos en alguna asignatura ante algún tema que no nos ha entrado bien. No nos preguntamos ¿cómo es posible eso?, sino algo así como “muy bien, no lo entiendo: dime qué tengo que poner en el examen, qué operación he de hacer, cuál es el truco....” Y ya está.

Quien está asombrado busca, tiene esperanzas y empeño por encontrar, aunque sea difícil (les lleva a saber más, aunque nunca acaben de saber del todo: de hecho cada vez están más convencidos de que saben menos, pues a medida que avanzan no paran de descubrir cosas asombrosas). El estupefacto no busca, carece de empeño o interés por encontrar y acaba refugiándose en las reglas de lo que sabe hacer, cosas repetitivas que no le planteen problemas.

Si no se sale habitualmente del estupor se acaba siendo un estúpido, que es una forma de ignorancia. Se deja de ver que haya algo “extraño” en las cosas: las cosas son así, y ya está: “¡Las manzanas caen al suelo, porque sí, no hay más que averiguar!”, le hubiera dicho un ignorante a Newton. Con frecuencia quien es ignorante desprecia al sabio.

El ignorante suele pensar que ya lo sabe todo, o al menos que ya sabe todo lo que vale la pena, y por eso no busca. El verdadero sabio, en cambio, sabe que no sabe: se da cuenta de que es mucho más lo que no sabe, que hay mucho más por saber, y por eso puede seguir buscando. Evidentemente, algo sabe, ya que si no sería un mero ignorante; pero no sabe del todo. Por eso los sabios suelen considerarse filósofos, amantes de la sabiduría. El estúpido o el ignorante tiene a veces la apariencia de “experto”, que en el sentido malo de la expresión es aquel que sabe unas cuantas técnicas y desprecia lo demás. Es más cómodo y se siente más seguro. Nos hemos ido por las ramas. Hasta ahora hemos hablado de que se puede ver el mundo con asombro o con rutina (el estupor acaba en rutina). El asombro es una de los requisitos de la filosofía. Pero no es el único, pues también los físicos, los matemáticos, los historiadores, etc., se asombran y no se llama filosofía estrictamente a lo que ellos hacen. ¿Qué es, pues, lo propio de la Filosofía?

La filosofía se caracteriza por dos cosas más: reflexiona (se admira) sobre cualquier aspecto de lo real, incluso sobre toda la realidad en su conjunto, mientras que las otras ciencias se ocupan únicamente de un aspecto de la realidad (la química, la física, etc. se ocupan de un objeto muy concreto cada una de ellas). Y además lo hace desde un punto de vista exclusivamente suyo: las últimas causas. ¿Últimas causas? Se ve que es urgente poner un ejemplo. Vamos a pedir auxilio

¿Qué es lo que, en el fondo soy yo? Esta es una de las preguntas filosóficas por excelencia. Nace de un asombro, de vernos distintos al mundo que nos rodea, a los geranios que tenemos en el balcón, a nuestro querido perro, al microondas... O a lo mejor no somos tan distintos, se nos ocurre pensar, pues al fin y al cabo dicen que todos los seres vivos somos primos más o menos lejanos; y las máquinas son cada vez más perfectas, y estamos hartos de ver películas en las que los robots son iguales o mejores que los humanos. ¿Qué somos? ¿Qué es lo que, en el fondo nos distingue de los demás seres? ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Estamos asombrados, y supongamos que, para no caer en el estupor (¡después de todo lo que hemos dicho!), consultamos a diversos científicos, para que nos orienten desde el punto de vista de su especialidad.

¿Qué somos? Un químico nos podría decir que para su ciencia no somos más que unos cuantos litros de agua, carbono, potasio, sodio, y algunas cosas por el estilo. La química no nos dice nada más. La medicina responderá que estamos sanos, o bien que somos un paciente aquejado de tal

enfermedad; pero está claro que para responder a las preguntas que nos estábamos planteando no basta con decir que somos unos individuos sanos (o que tenemos el colesterol un poco alto), aunque eso sea cierto. Si cayéramos en un laboratorio de física, y se nos sometiera allí a un estudio pormenorizado, el instrumental podría facilitar cierta información acerca de nosotros mismos, como nuestra masa, temperatura, la velocidad de nuestro movimiento, la respuesta de nuestro cuerpo a las radiaciones, etc.

Todas estas afirmaciones de las distintas ciencias son ciertas, pero insuficientes. Son ciertas, pues es innegable que estoy sano, peso setenta kilos, tengo una cantidad de sodio en mi cuerpo... Pero yo no soy eso; al menos, no lo soy sin más. Ramón y Cajal lo explicaba diciendo que un beso, que ha sido desde siempre objeto de admiración de poetas y enamorados, médicamente considerado no es más que un intercambio de microbios. Y, efectivamente, un beso es un intercambio de microbios, así como una sonrisa es también un movimiento de los músculos de la cara, pero no es sólo eso, ni fundamentalmente lo es. De hecho, si alguien nos dijera que un beso es un mero intercambio de microbios, o que las sonrisa es un determinado movimiento muscular, sin duda le diríamos que no ha entendido nada de lo que en último término son esas realidades, aun cuando las haya estudiado con mucho rigor científico.

En conclusión, las ciencias se fijan en determinados aspectos de la realidad, pero no llegan, por así decir, al fondo último de las cosas. No llegan al fondo último de las cosas, ni pretenden llegar, porque no es esa su misión. Esto es lo que queríamos decir cuando afirmábamos que la Filosofía busca “las últimas causas”.

La radicalidad, el interés por el qué es en último término algo, y no meramente cómo funciona, o cómo se desarrolla, la pregunta por el porqué último de las cosas es lo que diferencia una pregunta filosófica de las preguntas de las demás ciencias.

Pero además hay aún otra diferencia: y es que podemos “filosofar” sobre cualquier aspecto de la realidad. No tenemos por qué ceñirnos al mundo de las transformaciones de unas sustancias en otras, como hace la química, o al cómo lograr la salud del cuerpo humano, o a las alteraciones genéticas, o... Podemos plantearnos preguntas filosóficas sobre cualquier aspecto de la realidad, y preguntarnos qué es, en último término el hombre, qué es el conocimiento y si podemos decir que un animal o una máquina conocen, qué nos distingue de estos seres, de los animales y de las máquinas, etc. Es más, podemos también preguntarnos no sólo por un aspecto de la realidad (por el hombre, por los seres vivos, por si existe algo distinto a la realidad material que percibimos,...) sino que también podemos preguntarnos por toda la realidad a la vez. Podríamos, por ejemplo, preguntarnos que por qué hay seres y no más bien la nada: es decir si el mundo requiere una causa que lo explique o bien se basta a sí mismo y no necesita más explicaciones. O también nos podemos plantear si la realidad es tal y como la percibimos, o si estamos sumidos en un sueño, un engaño o una manipulación. Podemos plantearnos si existe alguna verdad, algo de lo que podamos estar completamente seguros, si podemos descubrir cuál es el sentido de nuestra vida, pues hay quien dice que carece de él.... Aunque puedan sonar a preguntas un tanto curiosas, son cuestiones que lleva el ser humano consigo. Preguntas por el sentido y la totalidad de la vida.

Que nos planteemos estas cuestiones no nos garantiza que las vayamos a responder. Tal vez obtengamos respuestas que nos traerán nuevas preguntas, No hay “aparatos de filosofar”, no existen los “termómetros de filosofía”. Si eso fuera posible, muchas de las tareas filosóficas serian

relativamente más sencillas. Pero hay muchas cosas que no se pueden encerrar en un laboratorio (recuerda el ejemplo del beso) y no por eso son menos importantes o menos reales. Más bien quiere decir que el microscopio tiene un límite, y hay aspectos de nuestra vida que no se resuelven con ecuaciones.

Recapitulando: hemos visto que la filosofía es un conocimiento sobre cualquier aspecto de la realidad por sus últimas causas. Para filosofar, como para realizar cualquier tarea científica, es necesaria la admiración: no conformarnos con lo que aparece de la realidad, descubrir lo asombroso que es que las cosas sean tal y como son. (…)

Javier Sánchez Collado

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Historia la filosofia ii si hubiera buscar rasgo http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2007/04/03/historia-la-filosofia-ii-si-hubiera-buscar-rasgo 2007-04-03T01:31:22+00:00 HISTORIA DE LA FILOSOFIA II

Si hubiera que buscar un rasgo distintivo de la filosofía antigua tendríamos que señalar, probablemente, la preeminencia del objeto. En el punto de partida de la reflexión filosófica se encuentra, desde Tales de Mileto, la aceptación de que existe algún tipo de realidad "objetiva" a la cual ha de ceñirse el conocimiento. Dicha realidad puede consistir en un elemento físico, material, como ocurre en la Escuela de Mileto y, en general, entre todos los filósofos presocráticos, (incluyendo el "número" de los pitagóricos, quienes al parecer lo concebían como una entidad material); o puede consistir en un elemento inmaterial, como las Ideas de Platón. Pero sea como fuere, la búsqueda del "arjé", de la primera causa objetiva de la realidad, determinará las subsiguientes interpretaciones de lo real. Todos los demás problemas filosóficos estarán, de alguna manera, subordinados a este. El cambio de orientación en la investigación filosófica que impondrán los sofistas, dirigiendo sus investigaciones hacia al lenguaje, el ser humano y la sociedad, no altera la predisposición a aceptar "ingenuamente", como se ha señalado en numerosas ocasiones, la existencia de una realidad objetiva, independiente del ser humano que la piensa, y a la que ha de ceñirse todo lo existente, incluido el pensamiento mismo.

Tales de Mileto

Pensamiento

Respecto a su obra, unos afirman que no escribió nada y otros le consideran autor de varias obras, entre ellas una "Astrología náutica".

En cuanto a su cosmología. afirmaba, según las referencias que nos han transmitido los antiguos, que la tierra estaba sobre el agua, flotando como un disco. Se le atribuye la afirmación "todo es agua", que se ha interpretado en el sentido de que Tales afirmaba que el agua era el elemento originario de la realidad, el principio de todas las cosas, o bien en el sentido de que todas las cosas estaban constituidas o formadas por agua. ¿De dónde procede esta idea? Algunos afirman que Tales la tomó de la mitología oriental; la mayoría, sin embargo, tienden a atribuirle un origen experimental, bien derivado de la experiencia de lo húmedo y de la importancia de la humedad en el desarrollo de la vida, o bien de la observación de la evaporación del agua, que hace que este elemento se transforme en otro. En todo caso fue el primero que planteó la cuestión de la naturaleza última del mundo, concibiendo las cosas como formas cambiantes de un primer y único elemento: el agua.

Lo importante de lo que nos ha llegado de su pensamiento es, pues, que concibió la noción de la unidad en la diversidad, intentando explicar a partir de ella las diferencias que se perciben en la multiplicidad de lo real, y que dicho principio o "arjé" era de carácter material.

Sea como fuere, Tales es considerado el primer filósofo por cuanto, frente a las explicaciones de la realidad de carácter mítico y religioso, nos ofrece por primera vez una explicación basada en la razón, es decir, en la que no se apela a entidades sobrenaturales para explicar lo real ni se admite lo contradictorio, rechazándose, además, la heterogeneidad entre la causa y el efecto: si la realidad es física, su causa ha de ser también física (el agua, por ejemplo).

Anaximandro de Mileto

Pensamiento

Al igual que Tales buscó el elemento primordial y básico a partir del que se ha generado la realidad; pero a diferencia de él consideró que dicho elemento o "arjé" (término que, al parecer, fue Anaximandro el primero en utilizar) no podía estar constituido por ninguno de los elementos conocidos, como el agua , ni tampoco por ninguna clase particular de materia. Si ese primer elemento era la causa material de todo lo existente había de ser la causa, por lo tanto, de toda materia particular, por lo que dicho principio no podía identificarse con ninguna materia particular. Siendo su principio, su comienzo, su fuente, había de ser algo necesariamente distinto; pero dado que nosotros sólo conocemos las formas particulares de materia que emanan de ese primer principio hemos de concluir que el "arjé" tiene que ser una materia desconocida para nosotros y, en cuanto tal, una materia indeterminada, indefinida, ilimitada, a la que Anaximandro da el nombre de "ápeiron". Eso es lo que parece transmitirnos alguno de los fragmentos conservados de Anaximandro

La cosmología de Anaximandro está dominada por la idea de la pluralidad de mundos existentes, generados a partir de un movimiento eterno mediante el que son separadas unas cosas de las otras, en un juego de oposición de contrarios tan común en la época y que volveremos a encontrar en otros filósofos; en ese movimiento cósmico el predominio de un elemento significaría una injusticia que tiene que ser necesariamente reparada, como el predominio del verano va seguido del invierno, y viceversa.

Vemos, en definitiva, que Anaximandro afirma como primera causa de la realidad una causa material: lo indefinido, lo indeterminado, lo infinito, a partir de la que evoluciona todo lo real. En la medida en que se niega a identificar esta primera causa con un elemento material particular su pensamiento supondrá un avance con respecto a Tales, en cuanto significa un considerable esfuerzo de abstracción y coherencia racional.

Anaxímenes de Mileto

Pensamiento

Se opone a Anaximandro y a Tales en cuanto a la determinación del primer principio o "arjé" que Anaxímenes considera ser el aire. Probablemente haya tomado esta elección a partir de la experiencia, influyendo la observación de los seres vivos y la importancia del fenómeno de la respiración; en cuanto toma como "arjé" un elemento particular, su pensamiento supone un retroceso con respecto a Anaximandro; pero Anaxímenes nos ofrece un mecanismo de explicación de la generación de las cosas a partir de otro elemento distinto de ellas: ese mecanismo de generación se apoya en las nociones de "condensación" y "rarefacción". Por condensación del aire, dice Anaxímenes, se forman las nubes; si las nubes se condensan se forma el agua; la condensación del agua de lugar a la constitución del hielo, de la tierra; y la condensación de la tierra da lugar a la constitución de las piedras y los minerales; el proceso inverso lo representa la rarefacción: piedra, tierra, agua, nubes, aire y, por último la rarefacción del aire produciría el fuego.

En terminología moderna podemos decir que Anaxímenes está intentando basar la explicación de lo cualitativo en lo cuantitativo; encontramos en él, por lo tanto, un intento de explicar el mecanismo de transformación de unos elementos en otros, del que no disponían Tales ni Anaximandro. Al igual que ellos insiste, sin embargo, en afirmar una causa material como principio del mundo y, por lo tanto, en tratar de llevar a la unidad la diversidad de la realidad observable.

Pitágoras de Samos

Pensamiento

Debido al carácter secreto de sus doctrinas poco es lo que sabemos de ellas. Es difícil fijar también cuales pertenecen a Pitágoras y cuáles pudieron ser desarrolladas por sus discípulos posteriores: Alcmeón o Filolao, por ejemplo.

La filosofía de Pitágoras se desarrolla en una doble vertiente: una místico-religiosa y otra matemático-científica.

Por lo que respecta a la primera, el eje central está representado por la teoría de la trasmigración de las almas y la consecuente afirmación del parentesco entre todos los seres vivos. Según ella, las almas son entidades inmortales que se ven obligadas a permanecer en cuerpos reencarnándose sucesivamente pasando de unos a otros durante un periodo de tiempo indeterminado, hasta superar el proceso de reencarnaciones gracias a la purificación (catarsis), que culmina en el regreso del alma a su lugar de origen. Para ello, era necesario observar numerosas reglas de purificación, por ejemplo, la abstinencia de la carne, así como diversas normas rituales y morales. Esta teoría será adaptada posteriormente por Platón, constituyendo un elemento importante de su filosofía.

Respecto a la vertiente matemático-científica, Pitágoras afirmaba que los números eran el principio (arjé) de todas las cosas.

No sabemos si se concebían los números como entidades físicas o si, por el contrario, se afirmaba que el principio de la realidad era algo de carácter formal, es decir, no material (una relación, una estructura...). Aristóteles pensaba que la doctrina pitagórica del número se basaba en descubrimientos empíricos; por ejemplo, el hecho de que los intervalos musicales puedan expresarse numéricamente. (De hecho los pitagóricos concedieron una gran importancia al estudio de la música, vista su relación con las matemáticas. Esta relación la pudieron ir ampliando al resto de objetos que constituyen la realidad, descubriendo en el número la razón de todo lo real, lo que llevaría a convertirlo en el "arjé" de los milesios.) Parece, además, que los pitagóricos concibieron los números espacialmente, identificando el punto geométrico con la unidad aritmética. Las unidades tendrían, pues, extensión espacial y podrían ser consideradas, como dice Aristóteles, como el elemento material de las cosas.

Es dudoso que los pitagóricos hayan podido interpretar el número como una realidad de carácter formal o como una estructura de la realidad, es decir, como algo no material, dado que la aparición clara de la concepción de una realidad no material difícilmente puede anticiparse a la reflexión platónica sobre el tema. No obstante, pese a las explicaciones de Aristóteles, tampoco queda muy claro cómo podría interpretarse el número como una entidad material. También en su vertiente matemática influirán en Platón los pitagóricos.

Heráclito de Éfeso

Pensamiento

Respecto a los contenidos esenciales de su interpretación de la naturaleza, siguiendo la línea abierta por los filósofos de Mileto, podemos destacar:

la afirmación del cambio, o devenir, de la realidad, ("Este cosmos [el mismo de todos] no lo hizo ningún dios ni ningún hombre, sino que siempre fue, es y será fuego eterno, que se enciende según medida y se extingue según medida.”) que se produce debido a:

la oposición de elementos contrarios, que es interpretada por Heráclito como tensión o guerra entre los elementos. ("Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia y que todas las cosas sobrevienen por la discordia y la necesidad.") Ahora bien, esa "guerra" está sometida a:

una ley universal, el Logos, (que podemos interpretar como razón, proporción...) que regula todo el movimiento de la realidad conduciéndolo a la armonía, y unificando así los elementos opuestos; de donde se sigue la afirmación de la unidad última de todo lo real. ("No comprenden cómo esto, dada su variedad, puede concordar consigo mismo: hay una armonía tensa hacia atrás, como en el arco y en la lira".)

La identificación del cosmos con un fuego eterno probablemente no deba ser interpretada en el sentido de que el fuego sea una materia prima original, del mismo modo en que lo eran el agua para Tales o el aire para Anaxímenes. El fuego sería la forma arquetípica de la materia, debido a la regularidad de su combustión, que personifica de un modo claro la regla de la medida en el cambio que experimenta el cosmos. Así, es comprensible que se le conciba como constitutivo mismo de las cosas, por su misma estructura activa, lo que garantiza tanto la unidad de los opuestos como su oposición, así como su estrecha relación con el Logos.

La idea de que el mundo nos ofrece una realidad sometida al cambio no es original de Heráclito: a todos los pensadores presocrácticos les impresionó dicha observación. Las afirmaciones de que"todo fluye" y "no se puede bañar uno dos veces en el mismo río" se las atribuye Platón libremente en sus diálogos, sugiriendo la correspondiente consecuencia: "nada permanece". Es probable que Heráclito insistiera en la universalidad del cambio más que sus predecesores pero, por los fragmentos que conservamos de su obra, lo hacía aún más en la idea de la medida inherente al cambio, en la estabilidad subsistente.

Probablemente Platón se dejara influir por las exageraciones sofísticas del siglo V, y por las de los seguidores de Heráclito, como Cratilo, quien al parecer afirmaba que ni siquiera era posible bañarse una vez en el mismo río; pero sus consideraciones transmitieron a la posteridad una imagen deformada del pensamiento filosófico de Heráclito, en la que abundará posteriormente Aristóteles, quien acusará a Heráclito de negar el principio de contradicción (“Una cosa no puede ser ella misma y su contrario, en el mismo aspecto y al mismo tiempo.”) al afirmar que los opuestos son "uno y lo mismo". Parece claro por los fragmentos conservados que con esa expresión Heráclito quería significar no que eran "idénticos" sino que pertenecían a un único complejo, o que no estaban esencialmente separados. (Kirk y Raven, "Los filósofos presocráticos", Madrid, Gredos, 1970.)

Jenófanes de Colofón

Jenófanes de Colofón precursor del pensamiento de Parménides, es considerado como el fundador de la teología filosófica y de la teoría del conocimiento, la reflexión sobra la fundamentación y límites del mismo. En la primera criticó el antropormofismo de los dioses homéricos así como su inmoralidad y su uso como modelo educativo postulando la existencia de un Dios único y, en la segunda, consideró una concepción objetiva de la verdad como algo independiente del sujeto. Asimismo, investigó acerca de cuestiones relativas a la naturaleza y a la cosmología.

Parménides de Elea

Dos puntos del pensamiento Parmenídeo :

La oposición entre el conocimiento sensible y el racional. El conocimiento que obtenemos por los sentidos no es fiable, sino falaz; engañoso sólo nos conduce a la dóxa, pero nunca a la certeza. Es un conocimiento que tiene por objeto el estudio de las cosas sensibles y mutables, es por ese motivo que se crea una ciencia mutable y perecedera. Así aunque este mundo es perecedero y mutable, considera como principio natural y causa inmediata de todo lo que sucede en la naturaleza, dos elementos . El fuego y la tierra. Modelo geocéntrico del mundo y éste está formado por mezclas de fuego y tierra.

Como opción nos muestra que no podemos hacer ciencia sobre una cosa mutable, esto nos lleva a un planteamiento racional de lo que es el mundo, de ahí su planteamiento sobre el llamado ser de Parménides tan simple como decir que lo que es es y no que no es no es, es decir no es posible la afirmación de un contrario. De este modo Parménides llega a conclusión que es necesaria la existencia de un ser eterno, imperecedero, continuo, indivisible, homogéneo, inmóvil, y como no esférico.

De esta forma Parménides establecerá el segundo de los puntos trascendentales de su filosofía, la existencia de una realidad única e inmutable que trasciende a los infieles sentidos y que sólo es captable por la razón. Por ello se denomina a Parménides el padre del monismo estático.

Anaxágoras de Clazomene

Anaxágoras expuso sus doctrinas filosóficas en un libro del que apenas nos han llegado algunos fragmentos. Aristóteles, en la Metafísica, 1, 3, nos dice que "Anaxágoras de Clazomene, primogénito de Empédocles, no logró exponer un sistema tan recomendable. Pretende que el número de los principios es infinito. Casi todas las cosas formadas de parte semejantes, no están sujetas, como se ve en el agua y el fuego, a otra producción ni a otra destrucción que la agregación o la separación; en otros términos, no nacen ni perecen, sino que subsisten eternamente". Y más adelante (Metafísica,1,7) nos dice "según Anaxágoras, todo está mezclado, excepto la inteligencia; la inteligencia sólo existe pura y sin mezcla. Resulta de aquí, que Anaxágoras admite como principios: primero, la unidad, porque es lo que aparece puro y sin mezcla; y después otro elemento, lo indeterminado antes de toda determinación, antes que haya recibido forma alguna."

Al igual que Empédocles, Anaxágoras se enfrentará al problema de explicar el cambio admitiendo la permanencia del ser, tal como se desprende de los postulados parmenídeos. El ser no puede generarse ni corromperse; no puede haber propiamente hablando nacimiento ni destrucción, sino simplemente mezcla o separación de las cosas que existen. La solución de Anaxágoras será también una solución pluralista, al estilo de la de Empédocles. Pero, a diferencia de éste, en lugar de cuatro elementos afirmará la existencia de un número infinito de ellos, cada uno poseyendo las características del ser parmenídeo es decir, la eternidad, la inmutabilidad.

Estos elementos originarios o "semillas" como le llama Anaxágoras se distinguen unas de otras cualitativamente. La mezcla de estas semillas es lo que constituye los objetos de la experiencia; cuando en un objeto predomina un tipo determinado de semillas le atribuimos al objeto la propiedad de las partículas predominantes, ya que, en los objetos de la experiencia, "hay partículas de todas las cosas". Eso explicaría la transformación de unas cosas en otras: si los vegetales que nosotros ingerimos se convierten en carne es preciso que haya carne (partículas o semillas de carne) en dichos vegetales. En ese sentido debería entenderse la afirmación de que hay porciones de todo en todas las cosas. Así, en un trozo de oro hay partículas de todas las demás cosas, pero predominan las partículas de oro, por lo que le llamamos simplemente oro.

¿Cómo se produce esa agregación y esa separación de las semillas? Aquí hace intervenir Anaxágoras un elemento novedoso en la especulación filosófica: el Nous o inteligencia. El movimiento de las partículas o semillas estaría sometido a la inteligencia; sin embargo, el papel de la inteligencia queda reducido al de causa inicial del movimiento que, una vez producido, sigue actuando por sí mismo sometido a causas exclusivamente mecánicas. Las partículas son sometidas por el Nous a un movimiento de torbellino que será la causa de la constitución de todas las cosas tal como nosotros los conocemos.

Este Nous, Mente o inteligencia, es concebido por Anaxágoras como algo infinito y autónomo, y separado de la semillas y de todas las demás cosas que existen, llamándole "la más fina y pura de todas las cosas, poseedor de todo el saber sobre cualquier asunto y del mayor poder". También le concibe como ocupando un espacio, por lo que parece que Anaxágoras mantiene una concepción material del Nous o Mente, formado de la materia más pura y más sutil, pero lejos todavía de una concepción inmaterial o incorpórea del ser. No obstante se le considera como el primero que introduce el recurso a un principio espiritual o intelectual, aunque, según las quejas expresadas por Aristóteles en la "Metafísica", haya recurrido a él sólo cuando la explicación por causas materiales le resultaba imposible.

Demócrito de Abdera

Pensamiento

Respecto a su pensamiento parece que fue un hombre dedicado enteramente al estudio y que tuvo una producción abundante. Al igual que Empédocles y Anaxágoras la filosofía de Demócrito estará inspirada por la necesidad de conjugar la permanencia del ser con la explicación del cambio, adoptando una solución estructuralmente idéntica: lo que llamamos generación y corrupción no es más que mezcla y separación de los elementos originarios, que poseen las características de inmutabilidad y eternidad del ser parmenídeo. Estos elementos originarios serán concebidos como entidades materiales, infinitamente pequeñas y, por lo tanto, imperceptibles para los sentidos, y de carácter estrictamente cuantitativo, a los que Demócrito llamará átomos (término griego que significa "indivisibles" ) por su cualidad de ser partículas indivisibles

Estos átomos existen desde siempre en el vacío, sometidos a un movimiento que les es consustancial. Por lo tanto, todo lo que existe son los átomos y el vacío. La introducción de la existencia del vacío es una novedad con respecto a Empédocles y Anaxágoras y que choca frontalmente con la negación del vacío (no ser) que exigía Parménides. Ahora bien, sin la existencia del vacío resulta imposible explicar el movimiento, por lo que necesariamente tiene que existir. Los átomos se mueven en ese vacío en línea recta en un principio, pero, por causas estrictamente mecánicas, algunos de ellos salen de su trayectoria y chocan contra otros, a los que desvían, chocando el conjunto contra otros átomos, provocando la agregación en conjuntos de átomos cada vez mayores, y que darán lugar a la constitución de los objetos tal como nosotros los conocemos.

Empédocles de Akragas

Se le atribuye la escritura de dos obras: una que contiene su interpretación de la naturaleza y a la que se le ha dado el nombre de "Sobre la naturaleza"; y otra, las "Purificaciones", que contiene un conjunto de instrucciones para el cuidado del hombre, en relación con sus creencias en la transmigración de las almas, en relación con sus tendencias religiosas relacionadas, al parecer, con el pitagorismo.

Por lo que respecta a la naturaleza Empédocles aceptó el postulado parmenídeo de la permanencia del ser; pero tratará de dar una explicación del cambio, negándose a aceptar el carácter ilusorio la realidad sensible. Para solucionar las aporías en las que habían caído los anteriores filósofos Empédocles postula la existencia de cuatro elementos (fuego, tierra, aire, agua) cada uno de ellos con las características de permanencia e inmutabilidad del ser, y la existencia de dos fuerzas cósmicas (Amor, Odio) que actuarán como causa de la combinación o disociación de los elementos.

Sócrates

Pensamiento

Sócrates no escribió nada y, a pesar de haber tenido numerosos seguidores, nunca creó una escuela filosófica. Las llamadas escuelas socráticas fueron iniciativa de sus seguidores. Acerca de su actividad filosófica nos han llegado diversos testimonios, contradictorios entre ellos, como los de Jenofonte, Aristófanes o Platón, que suscitan el llamado problema socrático, es decir la fijación de la auténtica personalidad de Sócrates y del contenido de sus enseñanzas. Si creemos a Jenofonte, a Sócrates le interesaba fundamentalmente la formación de hombres de bien, con lo que su actividad filosófica quedaría reducida a la de un moralista práctico: el interés por las cuestiones lógicas o metafísicas sería algo completamente ajeno a Sócrates. Poco riguroso se considera el retrato que hace Aristófanes de Sócrates en "Las nubes", donde aparece como un sofista jocoso y burlesco, y que no merece mayor consideración.

Más problemas plantea la interpretación del Sócrates platónico: ¿Responden las teorías puestas en boca de Sócrates en los diálogos platónicos al personaje histórico, o al pensamiento de Platón? La posición tradicional es que Platón puso en boca de Sócrates sus propias teorías en buena parte de los diálogos llamados de transición y en los de madurez, aceptándose que los diálogos de juventud reproducen el pensamiento socrático. Esta posición se vería apoyada por los comentarios de Aristóteles sobre la relación entre Sócrates y Platón, quien afirma claramente que Sócrates no "separó" las Formas, lo que nos ofrece bastante credibilidad, dado que Aristóteles permaneció veinte años en la Academia.

El rechazo del relativismo de los sofistas llevó a Sócrates a la búsqueda de la definición universal, que pretendía alcanzar mediante un método inductivo; probablemente la búsqueda de dicha definición universal no tenía una intención puramente teórica, sino más bien práctica. Tenemos aquí los elementos fundamentales del pensamiento socrático..

Los sofistas habían afirmado el relativismo gnoseológico y moral. Sócrates criticará ese relativismo, convencido de que los ejemplos concretos encierran un elemento común respecto al cual esos ejemplos tienen un significado. Si decimos de un acto que es "bueno" será porque tenemos alguna noción de "lo que es" bueno; si no tuviéramos esa noción, ni siquiera podríamos decir que es bueno para nosotros pues, ¿cómo lo sabríamos? Lo mismo ocurre en el caso de la virtud, de la justicia o de cualquier otro concepto moral. Para el relativismo estos conceptos no son susceptibles de una definición universal: son el resultado de una convención, lo que hace que lo justo en una ciudad pueda no serlo en otra. Sócrates, por el contrario, está convencido de que lo justo ha de ser lo mismo en todas las ciudades, y que su definición ha de valer universalmente. La búsqueda de la definición universal se presenta, pues, como la solución del problema moral y la superación del relativismo.

¿Cómo proceder a esa búsqueda? Sócrates desarrolla un método práctico basado en el diálogo, en la conversación, la "dialéctica", en el que a través del razonamiento inductivo se podría esperar alcanzar la definición universal de los términos objeto de investigación. Dicho método constaba de dos fases: la ironía y la mayéutica. En la primera fase el objetivo fundamental es, a través del análisis práctico de definiciones concretas, reconocer nuestra ignorancia, nuestro desconocimiento de la definición que estamos buscando. Sólo reconocida nuestra ignorancia estamos en condiciones de buscar la verdad. La segunda fase consistiría propiamente en la búsqueda de esa verdad, de esa definición universal, ese modelo de referencia para todos nuestros juicios morales. La dialéctica socrática irá progresando desde definiciones más incompletas o menos adecuadas a definiciones más completas o más adecuadas, hasta alcanzar la definición universal. Lo cierto es que en los diálogos socráticos de Platón no se llega nunca a alcanzar esa definición universal, por lo que es posible que la dialéctica socrática hubiera podido ser vista por algunos como algo irritante, desconcertante o incluso humillante para aquellos cuya ignorancia quedaba de manifiesto, sin llegar realmente a alcanzar esa presunta definición universal que se buscaba.

Esa verdad que se buscaba ¿Era de carácter teórico, pura especulación o era de carácter práctico? Todo parece indicar que la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir aquel conocimiento que sirviera para vivir, es decir, determinar los verdaderos valores a realizar. En este sentido es llamada la ética socrática "intelectualista": el conocimiento se busca estrictamente como un medio para la acción. De modo que si conociéramos lo "Bueno", no podríamos dejar de actuar conforme a él; la falta de virtud en nuestras acciones será identificada pues con la ignorancia, y la virtud con el saber.

En el año 399 Sócrates, que se había negado a colaborar con el régimen de los Treinta Tiranos, se vio envuelto en un juicio en plena reinstauración de la democracia bajo la doble acusación de "no honrar a los dioses que honra la ciudad" y "corromper a la juventud". Al parecer dicha acusación, formulada por Melitos, fue instigada por Anitos, uno de los dirigentes de la democracia restaurada. Condenado a muerte por una mayoría de 60 o 65 votos, se negó a marcharse voluntariamente al destierro o a aceptar la evasión que le preparaban sus amigos, afirmando que tal proceder sería contrario a las leyes de la ciudad, y a sus principios. El día fijado bebió la cicuta.

Sócrates y sus influencias

Sócrates y su influencias

Sócrates ejercerá una influencia directa en el pensamiento de Platón, pero también en otros filósofos que, en mayor o menor medida, habían sido discípulos suyos, y que continuarán su pensamiento en direcciones distintas, y aún contrapuestas. Algunos de ellos fundaron escuelas filosóficas conocidas como las "escuelas socráticas menores", como Euclides de Megara (fundador de la escuela de Megara), Fedón de Elis (escuela de Elis), el ateniense Antístenes (escuela cínica, a la que perteneció el conocido Diógenes de Sinope) y Aristipo de Cirene (escuela cirenaica

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Identidad sexual: la personalidad femenina y masculina http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2006/11/21/identidad-sexual-personalidad-femenina-y-masculina 2006-11-21T01:57:54+00:00 Dentro del concepto de identidad personal hay una dimensión importante que es nuestra identidad sexual y que resulta interesante de analizar como una dimensión separada, si bien esta separación es artificial, puesto que nuestra sexualidad forma parte integral y constitutiva de nuestra identidad personal: somos hombres y mujeres desde el momento de nuestra concepción y aprendemos a asumir nuestra identidad sexual a lo largo de nuestras vidas.

Nuestra identidad sexual parte desde el momento mismo de la concepción, en el mensaje genético de l a unión del óvulo con el espermio. Al nacer la guagua, la primera pregunta que todos formulamos es ¿fue varón o mujer? A medida que el niño o la niña crece, irá adquiriendo las características propias d e su sexo a través del aprendizaje que se da primordialmente en la familia y a través de los modelos d e ser hombre y mujer que le presenta su ambiente. Los roles asociado al sexo femenino o al masculino en nuestra sociedad difieren entre sí. Así, la dulzura, la suavidad y la ternura son características “deseables” para las niñas y la brusquedad y la agresividad son mucho mejor toleradas cuando las manifiestan niños varones. Los niños aprenden a comportarse “como hombres” y “como mujeres”, a través de la imitación y la identificación con el progenitor del mismo sexo. Los padres, la familia y la sociedad en general refuerzan el que se aprendan las conductas que se asocian al propio sexo. O sea, las niñas reciben la aprobación por comportarse “en forma femenina” y los niños reciben aprobación por comportarse “de forma masculina”.

Por tanto puede afirmarse, en términos generales, que las identidades femenina y masculina están influenciadas por la carga biológica de los individuos al nacer y los adultos importantes en la vida de niños y niñas. En este sentido es interesante señalar que las prácticas de crianza infantil difieren entre culturas y también en el tiempo, y lo que resulta deseable en determinada sociedad no necesariamente lo es en otra”.

Extraido del libro de Tercero Medio de Filosofia y Psicologia. (Reforma en Chile)

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Somos psicosocialmente sexuados http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2006/11/21/somos-psicosocialmente-sexuados 2006-11-21T01:55:38+00:00 No sólo somos biofisiológicamente sexuados, sino que también nuestro psiquismo, toda nuestra organización social y nuestra cultura son sexuados.
Desde el nacimiento asignamos nombres, vestidos, juguetes, actividades, etc., sexuados. Incluso se nos supone una manera de ser, aficiones, pensamientos y deseos sexuados. Antes de que el niño o la niña tomen conciencia de su identidad sexual, le asignamos un rol sexuado que afecta a, prácticamente, todas las dimensiones y actividades de su vida. Todas las sociedades y culturas asignan actividades específicas al hombre y a la mujer, aunque lo hacen de forma, a veces, muy distinta. Estas asignaciones no se basan, en general, en diferencias biológicas, sino que, en la mayoría de los casos, se basan en formas de funcionamiento social que se han cristalizado a lo largo de la historia.
Hacia los dos y tres años, niñas y niños toman conciencia de su identidad sexual (se autodefinen como niño o niña) y, simultáneamente, comienzan un proceso de aprendizaje e interiorización de las funciones que la sociedad considera propias de la niña o del niño (roles de género).
La identidad sexual: soy hombre o soy mujer, pasa a ser una categoría permanente de los juicios que el sujeto hace de sí mismo, tal vez la más importante, y el rol de género, aquel que más define la vida de las personas a lo largo de su ciclo vital. ¿Qué otra cosa cambia más la forma de estar en el mundo que el hecho de ser hombre o mujer?

También desde edades muy tempranas, los 3 y 4 años, niños y niñas manifiestan intereses sexuales, se autoexploran, hacen preguntas, se observan, construyen sus propias teorías sobre su origen, la reproducción, etc., y ponen de manifiesto conductas sexuales a través de los juegos y otras conductas. Es decir, expresan en conductas su sexualidad. La conducta sexual es una de las conductas humanas más significativas en todas las edades de la vida, sea cual sea la forma concreta que adopte en cada sujeto.

A la conducta sexual observable subyacen los deseos, los sentimientos y las fantasías, que son elementos fundamentales de la psicología sexual. Estos se especifican y consolidan en la pubertad y permanecen a lo largo de todo el ciclo vital. Por tanto para entender la sexualidad, no basta con conocer la anatomía y la fisiología sexual, sino que es necesario tener en cuenta también la psicología sexual y la cultura en la que el individuo vive”.

Extraido del libro de Tercero Medio de Filosofia y Psicologia. (Reforma en Chile)

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La sexualidad humana http://nvdnestor.lacoctelera.net/post/2006/11/21/l-sexualidad-humana 2006-11-21T01:54:06+00:00 La sexualidad es una dimensión fundamental de nuestro ser personal. Esta se desarrolla a lo largo de toda nuestra vida, por lo que decimos que es dinámica. Además de los aspectos biológicos y psicológicos, los factores socioculturales tienen un papel muy importante en esta transformación; su influencia p u e d e ser positiva y propiciar el desarrollo íntegro, pleno, de la persona, ser un vehículo de crecimiento y expresión personal, o por el contrario, restringirlo y coartarlo.
A diferencia de lo que muchos piensan, la sexualidad humana no sólo abarca las relaciones sexuales, los contactos eróticos y la reproducción. Está vinculada con casi todas las áreas de la vida y, por lo mismo, su aceptación y sana vivencia influyen positivamente en la vida general de la persona. La sexualidad es sólo un elemento esencial de nuestro desarrollo y de nuestra identidad. Ella constituye una forma de expresión de nuestro ser y de nuestros sentimientos más íntimos y una forma y un proceso de comunicación. En la vivencia de la sexualidad ponemos en juego los valores que están en l a base de nuestro proyecto de vida.
El ser humano es un todo cuyas partes interactúan; la sexualidad es una de ellas y por eso es necesario entenderla de una manera global y como un aspecto inherente a la persona. No es posible aislarla del re s t o del individuo, ni entenderla como privativa de las personas que mantienen relaciones sexuales coitales.
La sexualidad supone, expresa y participa del misterio integral de la persona. De allí que no se la p u e d a entender desde una visión reduccionista. Su carácter integral y plurivalente es un rasgo específico y característico. Por ello es necesario aproximarse a su comprensión considerando las distintas dimensiones que la componen:

Dimensión biológica: las diferencias entre el varón y la mujer se imponen por una serie de caracteres morfológicos, sin embargo la distinción biológica entre el hombre y la mujer es mucho más compleja que la configuración descriptiva de la genitalidad. De tal modo que el sexo biológico contempla 5 categorías básicas: la configuración cromosómica; el sexo gonádico; el sexo hormonal, la estructura reproductiva interna y la genitalidad.

Dimensión psicológica: la sexualidad en el ser humano no se limita a ser una “necesidad” (dimensión biológica), sino que se expande en el camino del deseo (dimensión psicológica) llegando a ser vivencia y comportamiento sexual humano. La dimensión psicológica introduce el sentido en la sexualidad humana. Entre las categorías que incluye esta dimensión está la identidad sexual y el desarrollo sexual.

Dimensión sociocultural: el ser humano es un ser cultural también en su sexualidad; porque tiene u n a historia, es una historia y construye historia. La tradición la alcanza en la cultura en que vive. Se hace parte de esa historia cuando la asume conscientemente y construye su historia cuando asume la responsabilidad personal y colectiva como ser social frente al momento presente. Existen una serie d e espacios y canales de socialización de la sexualidad humana. Entre los más importantes están la familia de origen, la escuela, el grupo de pares, la religión, las normas sociales, los medios de comunicación.

Extraido del libro de Tercero Medio de Filosofia y Psicologia. (Reforma en Chile)

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