21 Junio 2010
La Metafísica Aristotélica comprende una serie de tratados que escribió el filósofo en los últimos períodos de su vida, después de su ruptura con la Academia y el platonismo en general. Sin embargo, él no es el autor del título de dicha obra, sino su traductor y recopilador: Andrónico de Rodas. Fue este el que tituló así a estos tratados que físicamente se encontraban después de los libros de la Física. De ahí el nombre "ta meta tá Physicá": más allá de la Física.
El nombre tuvo mucha fama y se acogió para denominar hasta nuestros días a una disciplina filosófica que versa sobre el ser. Sin embargo, la metafísica aristotélica mantiene una dualidad problemática en torno a la materia de que trata: metafísica designa no sólo a la ciencia más general que existe (opuesta por ello a las ciencias particulares), por ser una ontología o "Ciencia del ser ( tó ón) en cuanto ser y sus atributos esenciales", sino que él mismo denominó a esta ciencia filosofía primera o sabiduría, y en ese sentido puede asimilarse a la teología, es decir, una ciencia particular entre las demás, que junto con la Física (o filosofía segunda) y las Matemáticas constituirían las tres divisiones teóricas de la Filosofía.
En algo coinciden, no obstante, la ciencia del ser en cuanto ser y la teología: en que ambas son ciencias de los primeros principios, es decir, de aquellos que fundamentan cualquier "región" de ser, en el resto de las ciencias particulares. Por este motivo la metafísica luego se dividió en metaphysica generalis (o ciencia del ser) y metaphysica specialis (o ciencia del ser supremo, aunque particular). Pero esta definición no es aristotélica, sino bastante posterior.
De todo lo dicho se desprende la dificultad inherente al problema del ser. Veámoslo.
Cada uno de nosotros somos, es decir, tenemos ser, existimos.
Algunos somos perezosos y otros somos estudiosos.
Muchos son morenos; otros muchos son castaños.
Cada cierto tiempo son las nueve y media o es primavera.
Algunas cosas son cálidas y otras son amarillas.
Unos somos de izquierdas y otros son de derechas.
De las diferencias no cabe dudar (es agua o fuego o poliuretano; arriba o abajo. verde o esperanzador...).
Sin embargo hay algo que une íntimamente a toda esta pluralidad de cosas, incluso a las contrarias: todas son. Tienen ser. Sobre todo lo que pensamos podemos afirmar su existencia, incluso de lo fabuloso también: las sirenas, los ovnis, los centauros son, aunque sean una ficción.
Pero si todo tiene ser de alguna manera, ¿Lo poseen con idéntico sentido? ¿Se trata de la misma forma de ser? ¿Hay un solo ser o una sola forma de ser de la que participamos o hay múltiples formas de ser?¿Tiene el mismo sentido la cópula "ser" en las proposiciones "yo soy un hombre" y en "yo soy un impuntual"?¿Puede un hombre dejar de ser hombre a ratos?¿Y un impuntual no serlo más o, por lo menos, caritativamente dejar de serlo alguna vez?
Según Aristóteles, todos los sentidos del verbo ser se deducen de un análisis de las proposiciones copulativas, es decir aquéllas que conectan un predicado con un sujeto: "Sócrates es hombre"; "Alejandro es músico"; "Mónica es mayor que José"; "El alquiler es muy caro", etc,.
La estructura es la misma: A (sujeto) es B (predicado), pero los tipos de predicación, no se refieren al sujeto de la misma manera. Sócrates es hombre responde a la pregunta ¿Qué es Sócrates? Es decir, nos muestra la esencia (hombre) de un sujeto (Sócrates), definiéndolo.
Sin embargo, "Alejandro es músico" o "el alquiler es caro" no responde a la esencia de ese sujeto, ni lo define: Alejandro esencialmente es hombre y accidentalmente es músico. Uno puede dejar de ser impuntual o músico pero, hasta que muera, no puede dejar de ser hombre.
Todos estos sentidos del ser o tipos de predicación son denominadas por Aristóteles kathgoria , (categorías), que deriva de la palabra griega atribución. El predicado "hombre" no se refiere al sujeto de la misma manera que el predicado "caro" o "músico". Hombre hemos visto que se refiere a la esencia de un sujeto, es decir, lo que responde a la pregunta ¿Qué es algo?. Las esencias definen a los sujetos, por eso si en un diccionario buscamos la palabra "alquiler" y no se nos dice nada acerca de su precio ni sobre si es caro o barato: éstos predicados no responden a la pregunta ¿Qué es un alquiler? sino a una cualidad o característica del mismo que no es esencial: su precio.
LAS DIEZ CATEGORÍAS ARISTOTÉLICAS
Pues bien, hay tantas categorías como diferentes formas de ligar un predicado a un sujeto. Aristóteles enumera diez:
- La esencia (o substancia)
- La cantidad
- La cualidad
- La relación
- El lugar
- El tiempo
- La situación
- La posesión
- La acción
- La pasión
Las diez categorías de Aristóteles son los distintos modos en que atribuímos un predicado a un sujeto y son, en definitiva, los distintos modos de ser (que tiene algo).
Ahora entenderemos bien la afirmación que da Aristóteles al comienzo del libro Z de la Metafísica:
"Ser (tó ón) se dice en varios sentidos, según expusimos antes en el libro sobre los diversos sentidos de las palabras; pues por una parte, significa la (Ousía) esencia y algo determinado, y, por otra, la cualidad o la cantidad o cualquiera de los demás predicados de esta clase."
La primera de las categorías es la Ousía o la esencia (la substancia), es decir, aquello que responde a la pregunta ¿Qué es?. La Ousía es la primera y principal categoría porque sin ella no serían posibles los demás modos de ser: Tiene que haber algo que sea sujeto o al que se atribuyan los demás predicados:
La casa (Ousía)
Es:
de 70 metros (cantidad), blanca (cualidad), En Madrid (lugar), del siglo pasado (tiempo), estropeada (pasión),...etc.
Sin casa, no podríamos atribuir el resto de los predicados; Es decir, las demás categorías no pueden separarse de la substancia u Ousía, ya que son afecciones, cualidades o determinaciones de la primera.
Para que algo sea rojo, tiene que haber un algo (substancia) que lo sea. Tiempo, relación. acción cualidad, cantidad, etc, lo son siempre de y con respecto a algo.
Así pues, la substancia (Ousía) es el ser propiamente dicho, ya que todas las demás formas de ser lo son con relación a ella.
La substancia es aquello que posee ser por sí misma y no necesita de otras categorías para ser.
La substancia es el sujeto del que se predica todo lo demás. Es la categoría fundamental porque el resto de ellas se dicen de un sujeto, necesitan de un sujeto para ser: rojo, cálido, enfadado, ... son afecciones, modificaciones o acciones de un sujeto. Sin éste, no pueden darse. No hay cálido sinó algo (clima, carácter, agua, etc.) que muestra esa cualidad. Pues bien, la Ousía o substancia, en tanto que sujeto en el que se inhieren el resto de las categorías, es el individuo particular, la cosa individual y concreta de la que predicamos (decimos) algo. Caballo, mesa, árbol, piedra,... todos ellos son substancias y, como veremos más adelante, compuestos hilemórficos.
Las afecciones, acciones y determinaciones de la substancia (de los seres concretos y particulares) son denominadas por Aristóteles accidentes, es decir, aquello que necesita de otro (de la substancia) para ser.
Así, nos queda lo siguiente:
El ser se dice en múltiples sentidos; el primero es la ousía o substancia, porque no necesita de otro para ser . También se dice el ser como aquello que modifica, determina o cualifica a las substancias : los accidentes, que son las nueve categorías restantes (cantidad, cualidad, lugar, tiempo, etc.) y que mantienen una relación de dependencia con la primera categoría, sin la cual no pueden darse.
Aristóteles, especifica aún más qué sea la Ousía, llegando a la siguiente consideración:
Hay una Primera ousía (próte ousía), que es el individuo concreto, cada ser individual que existe por sí mismo.
Pero hay también una Ousía segunda (deutera Ousía) que es la idea, la esencia o quiddidad de ese ser. esto es, la especie, el concepto que tenemos y que define a ese ser. El universal. Los conceptos universales nos muestran la esencia (qué es) de las cosas. El concepto "perro" se aplica universalmente a todos los animales de esta especie, sin tener en cuenta sus accidentes. No se es más o menos "perro" por tener el pelo castaño en vez de gris, o tal o cual estatura. Los conceptos universales se refieren a la esencia de los seres y no a sus accidentes, que pueden cambiar y ser absolutamente diferentes en un perro y en otro.
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Categorías (griego antiguo Κατηγορίαι Katēgoriai; latín Categoriae) es una obra del filósofo Aristóteles. En ella propone una clasificación mediante diez modos de predicar: estas son las categorías, conocidas también como los modos del ser.
En este tratado, Aristóteles divide las expresiones lingüísticas en expresiones sin combinación (o sin enlace) por ejemplo "hombre", "corre" o "triunfa" y con combinación; por ejemplo "hombre corre" u "hombre triunfa". Las expresiones sin enlace, no afirman ni niegan nada por sí solas, sino solamente ligadas a otras expresiones. Así mismo las expresiones sin enlace (o sin combinación), son meramente términos o categorías. Aristóteles nombra 10:
§ Esencia: como "el hombre" o "el caballo"
§ Cantidad: como "dos o tres varas"
§ Cualidad: como "blanco"
§ Relación. como "doble" o "mayor"
§ Lugar: como "en el liceo" o "en el mercado"
§ Tiempo: como "ayer" u "hoy"
§ Situación: como "sentado" o "acostado"
§ Posesión: como "armado" o "desarmado"
§ Acción: como "corta" o "camina"
§ Pasión: como "es cortado" o "es quemado"
Uno de los problemas que surge al hablar de las categorías es el de si estas deben ser interpretadas gramaticalmente, ya que son términos sin enlace o a meramente como los modos en que se da el ser.
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Aristóteles hizo varias listas de categorías, de las cuales la más mencionada es la que las divide en 10 grupos:
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1 - Las de sustancia, hombre, perro.
2 - Las de cantidad, dos, tres.
3 - Las de cualidad, blanco, duro.
4 - Las de relación, doble, menor.
5 - Las de lugar, en la plaza.
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6 - Las de tiempo, ayer, mañana.
7 - Las de situación, parado, sentado.
8 - Las de condición, armado, vacío.
9 - Las de acción, hablar, caminar.
10 - Las de pasión, cortado.
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Han existido diversas interpretaciones acerca de la naturaleza que Aristóteles asignaba a las categorías. Para unas de ellas, se trataría solamente de un concepto gramatical; pero otras consideran que designan expresiones que aluden al ser de sus designaciones, que son como casos del ser y por lo tanto son géneros supremos de las cosas. Esta última ha sido por lo general la interpretación más admitida a lo largo del tiempo, incluso hasta la actualidad.
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21 Junio 2010
A LA ONTOLOGIA SE LA LLAMA TAMBIEN “METAFISICA GENERAL”
ES “EL ESTUDIO DEL SER EN CUANTO SER”
ESTA FRASE PARECE ENEGMATICA, PERO NO LO ES TANTO. EL CABALLO, EL HOMBRE, EL CUARZO… SON SERES. PUES BIEN, LA ONTOLOGIA LOS ESTUDIA NO EN CUANTO QUE “EL CABALLO”, “EL HOMBRE”… , SINO QUE SE FIJA EN ALGO COMUN A TODOS ELLOS; LOS ESTUDIA EN CUANTO QUE SON SERES. LA ONTOLOGIA ES, PUES, EL ESTUDIO DEL SER, EN CUANTO SER.
SER
LA IDEA DE “SER” ES LA MAS GENERAL QUE EXISTE, PORQUE “SER” SE APLICA A TODO LO QUE EXISTE O PUEDE EXITIR, A TODO LO QUE DE ALGUNA MANERA ES O PUEDE SER.
SUSTANCIA
SE LLAMA SUSTANCIA A TODO SER QUE EXISTE EN SI MISMO Y NO EN OTRO. POR EJEMPLO, “HOMBRE” SERA SUSTANCIA; EN CAMBIO, EL “COLOR ROJO” NO, PORQUE NO PUEDE EXISTIR ÉL SOLO, SINO COLOREANDO UNA SUSTANCIA.
ACCIDENTE
SE LLAMA ACCIDENTE A TODO SER QUE NO PUEDE EXISTIR EN SI MISMO, SINO EN OTRO. POR EJEMPLO: EL “COLOR AMARILLO” NO PUEDE EXISTIR EN SI MISMO, SINO QUE TIENE QUE EXISTIR EN UNA SUTANCIA QUE COLOREA.
LOS ACCIDENTES RESIDEN EN LA SUSTANCIA. LA SUSTANCIA NO PUEDE SER PERCIBIDA POR LOS SENTIDOS; LO QUE SE PERCIBE SON LOS ACCIDENTES (COLOR, DUREZA, PESO…)
EXISTEN NUEVE ACCIDENTES:
1. CUALIDAD 2. CANTIDAD 3. RELACIÓN 4. ACCIÓN 5. PASION 6. LUGAR 7. SITUACIÓN 8. TIEMPO 9. HABITO (EXTERNO)
ENTENDEMOS POR:
1. CUALIDAD A TODO LO QUE PERFECCIONA A LA SUSTANCIA EN SI MISMA, O PARA QUE OBRE MEJOR. POR EJEMPLO, BLANCURA, SALUD, ALEGRIA, LAS FACULTADES DEL HOMBRE, LOS HABITOS, LAS VIRTUDES.
2. CANTIDAD A LA EXTENSION DE LOS CUERPOS. POR EJEMPLO: GRANDE, PEQUEÑO. UNA MESA DE UN METRO DE LARGO
3. RELACION AL ORDEN O RESPECTO DE UNA COSA A OTRA. EJEMPLO: LA PATERNIDAD ES LA RELACION DEL PADRE AL HIJO. LA CERCANIA ENTRE DOS COSAS (LEJANIA).
4. A TODA ACTIVIDAD EJERCIDA SOBRE ALGO. EJEMPLO: PEGAR, GUIAR, HABLAR, COMER
5. AL EFECTO RECIBIDO O PADECIDO POR UN SUJETO. EJEMPLO: SER PEGADO, GUIADO, HABLADO, COMIDO….
6. LUGAR NO AL SITIO EN QUE UNO ESTÁ, SINO AL HECHO DE ESTAR EN ESE SITIO. EJEMPLO: EN SANTIAGO, EN SU CASA, EN LA ESQUINA DE LA CALLE.
7. A LA ACTITUD O DISPOSICION DE LAS PARTES EN EL ESPACIO. EJEMPLO: DE PIE, SENTADO, EN LA CAMA…..
8. A LA LOCALIZACION TEMPORAL. EJEMPLO: QUE NACIO EN 1957 (NO EL AÑO 1957, SINO EL HECHO DE HABER NACIDO EN 1957)
9. AL HECHO DE ESTAR REVESTIDO DE VESTIDO, JOYAS, ARMAS ETC……
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2 Abril 2008
CERTEZA Y EVIDENCIA
Conversemos sobre la "Certeza". ¿Qué significa que un juicio sea cierto y evidente? Leamos con atención el siguiente párrafo del profesor Dr. José María Veloz.
CERTEZA: "El fuego quema": He aquí un juicio al cual califico de cierto. ¿Qué significa esto? Advierto ante todo qué se trata de un juicio verdadero, cuya verdad o conformidad con el objeto queda garantizado por la claridad o evidencia con que dicho objeto se me aparece (o sea, por las razones probatorias de que el fuego tiene dicho poder), Reparo luego que, debido a la clara percepción de esta verdad, mi mente asiente a ella con firmeza, es decir, sin dudar.
Este asentimiento muestra, pues, dos propiedades: Ser firmes y estar fundados en la evidencia? ambos , unidos, constituyen la CERTEZA del juicio. Tenemos ya con ellos los elementos que deben integrar la definición de CERTEZA, la cual puede formularse considerándola, bien en abstracto, como cualidad del juicio, bien en concreto, encarnada por decirlo así, en el juicio cierto. Para su mayor sencillez, la definiremos en esta segunda forma, caracterizándola como un asentimiento firme, fundado en la evidencia, aunque normalmente a la certeza sé acompaña un estado sentimental de sosiego, este estado no integra la esencia de la certeza, pudiendo darse simultáneamente la existencia de un sentimiento de inquietud.
El aspecto psicológico de la certeza, es decir, el asentimiento firme, recibe también el nombre de convicción principalmente cuando, se trata no de un acto transitorio, sino de una actitud mental permanente.
Si la convicción posee fundamento lógico, es -decir, si descansa en razones plenamente objetivas de que la cosa es tal cómo el juicio dice (en otros términos, si se "apoya en la evidencia del objeto, única garantía de la verdad de la afirmación), la certeza se llama CERTEZA OBJETIVA. En caso contrario, la CERTEZA no pasa de ser puramente subjetiva y se puede acompañar fácilmente a la falsedad. Así, los antiguos, basándose en razones inconsistentes, afirmaban que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Desgraciadamente el hombre afirma muchas veces sin evidencia del objeto y esta precipitación le hunde en el error.
Consideremos ahora la certeza desde el punto de vista de su fundamentacion, por ejemplo, las proposiciones:
"El todo es mayor que la parte”. Este trozo de madera, echado al fuego, se quemará". "Fulano, hombre de probada rectitud moral y mentalmente sano, no envenenará a nadie". En las tres proposiciones hay evidencia del objeto, pero estas evidencias no son dé la misma clase. La primera se apoya en el principio de no contradicción (evidencia metafísica) y la segunda tiene su fundamento en el principio de la uniformidad y constancia de las leyes naturales (evidencia física) y la tercera descansa en el modo normal de proceder de los seres inteligentes y libres. Salta a la vista que la imposibilidad de lo opuesto no es del mismo grado en los tres casos. Absoluta en el primero, en el segundo esta supeditada al curso regular de la naturaleza, que puede ser suspendido excepcionalmente por la causa primera y depende en el tercero del obrar ordinario de las causas libres, susceptibles de alteración, como alguna vez ocurre.
De acuerdo con la naturaleza de su diverso fundamento lógico, la certeza de las tres proposiciones será "Metafísica", "Física" y Moral” respectivamente. Ahora bien, como la posible evidencia de un objeto puede inscribirse en uno de estos tres grupos, su certeza permanecerá igualmente a una de las tres clases mencionadas.
Notemos también que no cabe una, autentica certeza sin conocimiento explícito de las razones que la sostiene. Esta es la denominada “Certeza Natural” o "Espontánea”, fundamentada lógicamente en razones suficientísimas, pero implícitas. Nadie duda, por ejemplo, de la existencia de un mundo exterior a nosotros; pocos serán, no obstante, quienes sepan justificar su convicción.
Cuando las razones se ponen al descubierto, la certeza se hace científica..
Ejercitación:
a) ¿Qué entiende el autor por el concepto de certeza?
b) ¿Que entiendo yo por el concepto de certeza?
C) ¿Como puedo aplicar "La Certeza" ante la evidencia con que se me entregan los conocimientos en el colegio; en el hogar, en la T.V.?
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19 Octubre 2007
Los trastornos de la personalidad son un conjunto de características más o menos estables de la forma de ser de las personas, que les hace ser como son en sus pensamientos, sentimientos y comportamientos.
Se entiende que una persona tiene un Trastornos de la Personalidad cuando sus características de personalidad son tan rígidas y desadaptativas que le impiden amoldarse a muchas vivencias y situaciones normales de la vida, ente las cuales reacciona de una forma estereotipada que provoca siempre problemas específicos y previsibles (por ejemplo, sufre siempre decepciones en las relaciones personales, tiene dificultades laborales y sociales permanentes, etc.).
Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación que son relativamente fijos, inflexibles y socialmente desadaptados, incluyendo una variedad de situaciones.
Cada uno tiene patrones característicos de percepción y de relación con otras personas y situaciones (rasgos personales). Dicho de otro modo, toda la gente tiende a enfrentarse a las situaciones estresantes con un estilo individual pero repetitivo. Por ejemplo, algunas personas tienden a responder siempre a una situación problemática buscando la ayuda de otros. Otras siempre asumen que pueden manejar los problemas por sí mismas. Algunas personas minimizan los problemas, otras los exageran.
Aunque la gente tiende a responder siempre del mismo modo a una situación difícil, la mayoría es propensa a intentar otro camino si la primera respuesta es ineficaz. En contraste, las personas con trastornos de la personalidad son tan rígidas que no pueden adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad operacional. Sus patrones desadaptados de pensamiento y comportamiento se hacen evidentes al principio de la edad adulta, frecuentemente antes, y tienden a durar toda la vida. Son personas propensas a tener problemas en sus relaciones sociales e interpersonales y en el trabajo.
Las personas con trastornos de la personalidad generalmente no son conscientes de que su comportamiento o sus patrones de pensamiento son inapropiados; por el contrario, a menudo creen que sus patrones son normales y correctos. Con frecuencia, los familiares o los asistentes sociales los envían a recibir ayuda psiquiátrica porque su comportamiento inadecuado causa dificultades a los demás. En cambio, la gente con trastornos por ansiedad se causa problemas a sí misma pero no a otros. Cuando las personas con trastornos de la personalidad buscan ayuda por sí mismas (frecuentemente, a causa de frustraciones), tienden a creer que sus problemas están causados por otras personas o por una situación particularmente dificultosa.
Cuatro áreas de la experiencia y de la conducta humana se suelen afectar de distinto modo en los Trastornos de Personalidad: la afectiva (humor o estado de ánimo), la del control de los impulsos (agresivos, sexuales, etc.), la cognitiva (pensamientos) y la de las relaciones interpersonales
TIPOS DE TRASTORNOS
Personalidad Paranoide. Personalidad Ezquizoide, Personalidad Esquizotípica, Personalidad Histriónica, Personalidad Narcisista, Personalidad Antisocial, Personalidad Límite, Personalidad Evitadota, Personalidad Dependiente, Personalidad Obsesivo-Compulsivo, Personalidad Pasiva-Agresiva
Personalidad paranoide
Las personas con una personalidad paranoide proyectan sus propios conflictos y hostilidades hacia otros. Son generalmente frías y distantes en sus relaciones. Tienden a encontrar intenciones hostiles y malévolas detrás de los actos triviales, inocentes o incluso positivos de otras personas y reaccionan con suspicacia a los cambios en las situaciones. A menudo, las suspicacias conducen a conductas agresivas o al rechazo por parte de los demás (resultados que parecen justificar sus sentimientos originales).
Los que tienen una personalidad paranoide frecuentemente intentan acciones legales contra otros, especialmente si se sienten indignados con razón. Son incapaces de ver su propio papel dentro de un conflicto. Aunque suelen trabajar en relativo aislamiento, pueden ser altamente eficientes y concienzudos.
A veces las personas que ya se sienten alienadas a causa de un defecto o una minusvalía (como la sordera) son más vulnerables a desarrollar ideas paranoides.
Personalidad esquizoide
Las personas con una personalidad esquizoide son introvertidas, ensimismadas y solitarias. Son emocionalmente frías y socialmente distantes. A menudo están absortas en sus propios pensamientos y sentimientos y son temerosas de la aproximación e intimidad con otros. Hablan poco, son dadas a soñar despiertas y prefieren la especulación teórica a la acción práctica. La fantasía es un modo frecuente de enfrentarse a la realidad.
Personalidad esquizotípica
Las personas con una personalidad esquizotípica, al igual que aquellas con una personalidad esquizoide, se encuentran social y emocionalmente aisladas. Además, desarrollan pensamientos, percepciones y comunicaciones insólitas. Aunque estas rarezas son similares a las de las personas con esquizofrenia, y aunque la personalidad esquizotípica se encuentra a veces en la gente con esquizofrenia antes de que desarrollen la enfermedad, la mayoría de los adultos con una personalidad esquizotípica no desarrolla esquizofrenia. Algunas personas muestran signos de pensamiento mágico (la idea de que una acción particular puede controlar algo que no tiene ninguna relación con ella). Por ejemplo, una persona puede creer que va a tener realmente mala suerte si pasa por debajo de una escalera o que puede causar daño a otros teniendo pensamientos de ira. La gente con una enfermedad esquizotípica puede tener también ideas paranoides.
Personalidad histriónica
Las personas con una personalidad histriónica (histérica) buscan de un modo notable llamar la atención y se comportan teatralmente. Sus maneras vivamente expresivas tienen como resultado el establecer relaciones con facilidad pero de un modo superficial. Las emociones a menudo aparecen exageradas, infantilizadas e ideadas para provocar la simpatía o la atención (con frecuencia erótica o sexual) de los otros. La persona con personalidad histriónica es proclive a los comportamientos sexualmente provocativos o a sexualizar las relaciones no sexuales. Pueden no querer en realidad una relación sexual; más bien, sus comportamientos seductores a menudo encubren su deseo de dependencia y de protección. Algunas personas con personalidad histriónica también son hipocondríacas y exageran sus problemas físicos para conseguir la atención que necesitan.
Personalidad narcisista
Las personas con una personalidad narcisista tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propio valor o importancia, lo que los psiquiatras llaman “grandiosidad”. La persona con este tipo de personalidad puede ser extremadamente sensible al fracaso, a la derrota o a la crítica y, cuando se le enfrenta a un fracaso para comprobar la alta opinión de sí mismos, pueden ponerse fácilmente rabiosos o gravemente deprimidos. Como creen que son superiores en las relaciones con los otros, esperan ser admirados y, con frecuencia, sospechan que otros los envidian. Sienten que merecen que sus necesidades sean satisfechas sin demora y por ello explotan a otros, cuyas necesidades o creencias son consideradas menos importantes. Su comportamiento es a menudo ofensivo para otros, que les encuentran egocentristas, arrogantes o mezquinos.
Personalidad antisocial
Las personas con personalidad antisocial (en otro tiempo llamada psicopática o personalidad sociopática), la mayor parte de las cuales son hombres, muestran desprecio insensible por los derechos y los sentimientos de los demás. Explotan a otros para obtener beneficio material o gratificación personal (a diferencia de los narcisistas, que creen que son mejores que los otros). Característicamente, tales personas expresan sus conflictos impulsiva e irresponsablemente. Toleran mal la frustración y, en ocasiones, son hostiles o violentas. A pesar de los problemas o el daño que causan a otros por su comportamiento antisocial, típicamente no sienten remordimientos o culpabilidad. Al contrario, racionalizan cínicamente su comportamiento o culpan a otros. Sus relaciones están llenas de deshonestidades y de engaños. La frustración y el castigo raramente les ocasionan la modificación de sus conductas.
Las personas con personalidad antisocial son frecuentemente proclives al alcoholismo, a la toxicomanía, a las desviaciones sexuales, a la promiscuidad y a ser encarceladas. Son propensas a fracasar en sus trabajos y a trasladarse de un sitio a otro. Frecuentemente tienen una historia familiar de comportamiento antisocial, abuso de sustancias, divorcio y abusos físicos. En su niñez, generalmente, fueron descuidados emocionalmente y con frecuencia sufrieron abusos físicos en sus años de formación. Tienen una esperanza de vida inferior a la media, pero entre los que sobreviven, esta situación tiende a disminuir o a estabilizarse con la edad.
Personalidad límite
Las personas con una personalidad límite, la mayor parte de las cuales son mujeres, son inestables en la percepción de su propia imagen, en su humor, en su comportamiento y en sus relaciones interpersonales (que a menudo son tormentosas e intensas). La personalidad límite se hace evidente al principio de la edad adulta pero la prevalencia disminuye con la edad. Estas personas han sido a menudo privadas de los cuidados necesarios durante la niñez. Consecuentemente se sienten vacías, furiosas y merecedoras de cuidados.
Cuando las personas con una personalidad límite se sienten cuidadas, se muestran solitarias y desvalidas, frecuentemente necesitando ayuda por su depresión, el abuso de sustancias tóxicas, las alteraciones del apetito y el maltrato recibido en el pasado. Sin embargo, cuando temen el abandono de la persona que las cuida, su humor cambia radicalmente. Con frecuencia muestran una cólera inapropiada e intensa, acompañada por cambios extremos en su visión del mundo, de sí mismas y de otras (cambiando del negro al blanco, del amor al odio o viceversa pero nunca a una posición neutra). Si se sienten abandonadas y solas pueden llegar a preguntarse si realmente existen (esto es, no se sienten reales). Pueden devenir desesperadamente impulsivas, implicándose en una promiscuidad o en un abuso de sustancias tóxicas. A veces pierden de tal modo el contacto con la realidad que tienen episodios breves de pensamiento psicótico, paranoia y alucinaciones.
Estas personas son vistas a menudo por los médicos de atención primaria; tienden a visitar con frecuencia al médico por crisis repetidas o quejas difusas pero no cumplen con las recomendaciones del tratamiento. Este trastorno es también el más frecuentemente tratado por los psiquiatras, porque las personas que lo presentan buscan incesantemente a alguien que cuide de ellas.
Personalidad evitadora
La gente con una personalidad evitadora es hipersensible al rechazo y teme comenzar relaciones o alguna otra cosa nueva por la posibilidad de rechazo o de decepción. Estas personas tienen un fuerte deseo de recibir afecto y de ser aceptadas. Sufren abiertamente por su aislamiento y falta de habilidad para relacionarse cómodamente con los otros. A diferencia de aquellas con una personalidad límite, las personas con una personalidad evitadora no responden con cólera al rechazo; en vez de eso, se presentan tímidas y retraídas. El trastorno de personalidad evitadora es similar a la fobia social.
Personalidad dependiente
Las personas con una personalidad dependiente transfieren las decisiones importantes y las responsabilidades a otros y permiten que las necesidades de aquellos de quienes dependen se antepongan a las propias. No tienen confianza en sí mismas y manifiestan una intensa inseguridad. A menudo se quejan de que no pueden tomar decisiones y de que no saben qué hacer o cómo hacerlo. Son reacias a expresar opiniones, aunque las tengan, porque temen ofender a la gente que necesitan. Las personas con otros trastornos de personalidad frecuentemente presentan aspectos de la personalidad dependiente, pero estos signos quedan generalmente encubiertos por la predominancia del otro trastorno. Algunos adultos con enfermedades prolongadas desarrollan personalidades dependientes.
Personalidad obsesivo-compulsiva
Las personas con personalidad obsesivo-compulsiva son formales, fiables, ordenadas y metódicas pero a menudo no pueden adaptarse a los cambios. Son cautos y analizan todos los aspectos de un problema, lo que dificulta la toma de decisiones. Aunque estos signos están en consonancia con los estándares culturales de occidente, los individuos con una personalidad obsesivo-compulsiva toman sus responsabilidades con tanta seriedad que no toleran los errores y prestan tanta atención a los detalles que no pueden llegar a completar sus tareas. Consecuentemente, estas personas pueden entretenerse en los medios para realizar una tarea y olvidar su objetivo. Sus responsabilidades les crean ansiedad y raramente encuentran satisfacción con sus logros.
Estas personas son frecuentemente grandes personalidades, en especial en las ciencias y otros campos intelectuales en donde el orden y la atención a los detalles son fundamentales. Sin embargo, pueden sentirse desligadas de sus sentimientos e incómodas con sus relaciones u otras situaciones que no controlan, con eventos impredecibles o cuando deben confiar en otros.
Personalidad pasiva-agresiva
Los comportamientos de una persona con una personalidad pasiva-agresiva (negativista) tienen como objetivo encubierto controlar o castigar a otros. El comportamiento pasivo-agresivo es con frecuencia expresado como demora, ineficiencia y malhumor. A menudo, los individuos con una personalidad pasiva-agresiva aceptan realizar tareas que en realidad no desean hacer y luego proceden a minar sutilmente la finalización de esas tareas. Ese comportamiento generalmente sirve para expresar una hostilidad oculta.
Cambiar una personalidad requiere mucho tiempo. Ningún tratamiento a corto plazo puede curar con éxito un trastorno de la personalidad pero ciertos cambios pueden conseguirse más rápidamente que otros. La temeridad, el aislamiento social, la ausencia de autoafirmación o los exabruptos temperamentales pueden responder a la terapia de modificación de la conducta. Sin embargo, la psicoterapia a largo plazo (terapia hablada), con el objetivo de ayudar a la persona a comprender las causas de su ansiedad y a reconocer su comportamiento desadaptado, es la clave de la mayoría de los tratamientos. Algunos tipos de trastornos de personalidad, como el narcisista o el obsesivo-compulsivo, pueden tratarse mejor con el psicoanálisis. Otros, como los tipos antisocial o paranoide, raramente responden a una terapia.
servido por nvdnestor
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24 Septiembre 2007
¿Cuál es esa ley que toda acción humana debe respetar para ser considerada moralmente buena?
Para responder esta pregunta, Kant plantea la diferencia entre máximas y leyes prácticas. Las primeras son todas aquellas reglas que rigen la conducta de un individuo, pero que son válidas sólo para él mismo. Las máximas son principios subjetivos de la acción. Las leyes prácticas, en cambio, son principios objetivos de la acción, o imperativos, es decir, "un deber ser que expresa la obligación objetiva de la acción".
Los imperativos mandan a obrar porque indican lo que toda persona debe hacer. Porque si bien el hombre es un ser racional, no es la razón el único motivo que determina a la voluntad. Ésta también puede dejarse determinar por las inclinaciones, los deseos, las necesidades. Dicho de otra manera, como el hombre no quiere siempre lo que debe, es necesario que se rija por imperativos que le dicta la razón.
Ahora bien, éstos pueden ser imperativos hipotéticos o categóricos. Los primeros determinan la voluntad en función de cierto fin deseado, son más bien preceptos de habilidad. Decir, por ejemplo, que "se debe trabajar y ahorrar en la juventud para no morir de hambre en la vejez". Este precepto práctico de la voluntad surge de la razón pero no se puede exigir por igual a todos los hombres. De lo cual se desprende que este imperativo está condicionado a la capacidad y a las condiciones de cada sujeto.
En cambio, un imperativo es categórico cuando manda a obrar de un modo necesario a todos los hombres por igual, independientemente de sus condiciones subjetivas, y siempre de esa manera, independientemente de cualquier circunstancia. Por eso, sólo estos últimos son leyes prácticas. Dice Kant que la ley moral es "un imperativo que ordena categóricamente porque la ley es absoluta; la relación de la voluntad con esta ley es de dependencia, con el nombre de obligatoriedad, que significa una imposición [...] para una acción que se llama deber".
Esa ley no indica que debe hacerse esto o lo otro, sino que conserva sólo la forma pura de la legalidad. Esa ley dice así:
"Obra de tal manera que quieras que la máxima de tu voluntad se convierta en ley universal".
Dicho de manera muy sencilla, lo que vale para una persona debe valer para todos en esa misma situación. Éste es el imperativo categórico, única ley moral, principio absoluto y fundamento de la moralidad, porque es principio objetivo universal. La acción realizada por respeto a la ley es el deber, y cumplir con éste es la condición de una voluntad buena en sí misma.
Esto quiere decir que, ante la pregunta de qué debo hacer, la respuesta es: debo hacer que mi máxima, el principio subjetivo que orienta mi acción, pueda valer como ley universal para todo ser racional.
Atendamos al siguiente ejemplo: Si voy por la calle y veo que a alguien se le cae su billetera y sigue su camino sin darse cuenta, y en ese momento nadie está mirando lo que sucede, ¿qué debo hacer? Puedo quedármela porque total nadie me está viendo y la persona interesada no se percató de lo sucedido, o bien puedo devolvérsela. ¿Quién determina en este caso lo que está bien y lo que está mal? Kant contestaría: la ley moral. ¿Cómo debo proceder? Debo confrontar el principio subjetivo de mi acción con la ley moral: si cumple con lo que esta ley indica, la acción es buena y debe ser realizada, si no, es mala, por lo cual debe evitarse.
Apliquemos esta indicación al ejemplo: supongamos que elijo la primera opción, entonces actúo movido por mis impulsos. La máxima que me construyo en este caso diría: cada vez que alguien ve un objeto que no le pertenece, y si nadie lo está viendo, puede apropiárselo. Vemos aquí que, al confrontarlo con la ley moral, esta máxima no se puede sostener porque estaríamos admitiendo como válido para todos el apropiarse de lo que es ajeno. En cambio, si elijo la segunda opción y la confronto con la ley moral, la máxima que me formo sería la siguiente: cada vez que alguien ve un objeto que no le pertenece, y aunque nadie lo esté mirando, debe devolverlo. Si esto es admisible como ley válida para todo hombre, luego es lo que debe ser hecho.
Esto nos conduce a la segunda característica de una buena voluntad. Es autónoma porque se da a sí misma sus leyes. La opuesta sería una voluntad heteróno-ma, es decir, aquella que no depende de la razón, sino de los impulsos o del propio interés. La autonomía es el fundamento de la dignidad de la naturaleza racional del hombre. Por eso afirmar que la voluntad es libre significa afirmar que es principio de su acción, no depende de otro para actuar, es causa de sus propios actos, porque tiene en sí misma el principio de determinación, el cual, como vimos, es el imperativo categórico
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21 Agosto 2007
La Inteligencia Emocional
Al hablar de Inteligencia Emocional podríamos desarrollar personalmente un ejercicio de reafirmación y re – dirección de Visión, Misión y Valores Personales, Familiares, Profesionales y Ciudadanos, a través de preguntas activas simulaciones y visualizaciones de las cosas que influyen filosóficamente en nuestra vida, sueños y principios sobre las cuales basamos nuestro actuar.
En esta época de grandes y constantes cambios en todas las esferas de nuestra existencia en la que se nos exige estar preparados para enfrentarlos, ya que estos cambios cada día son mayores, más rápidos, más violentos, mucho más traumáticos, más ligados a un ambiente de gran incertidumbre, de una competitividad que no se había tenido antes motivada a la globalización que le impone todo tipo de exigencias a las organizaciones, ocasionando riesgo a su personal a veces sin tomar conciencia de el, nuestra salud física y emocional, buscando el Desarrollo y Talento como tal, podríamos llamarlo el tema clave dentro de las organizaciones protagonistas.
Recordando que ante todo somos seres humanos, que tenemos necesidades y metas, las aceptemos, o no racionalmente. Una de las necesidades principales es El Vació Personal de emociones, sentimiento y caricias que deben ser llenados, ya que esto determina y organiza todos los procesos mentales y comportamiento total direccionado con motivación al logro.
Dentro del contexto también estaremos analizando el mantenimiento físico, seguridad, competencias, reconocimientos, poder, éxito, esperanza, habilidades, destrezas, entrenamientos, desde luego esta no es una lista completa de las necesidades físicas, psicológicas y espirituales del ser humano, pero si representan factores que son comunes en el trabajo
Últimamente se les ha dado a los factores emocionales la importancia debida en el tiempo y espacio incluyéndolos en el optimo desempeño de las actividades profesionales, donde las personas como individuos, como gerentes y como líder donde cada uno de ellos tienen sus diferencias en muchos aspectos y áreas, pero que como ser humano esta dentro de los Principios de la Inteligencia Emocional
La Inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social.
El rendimiento escolar del estudiante depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Los objetivos a reeducar como clave fundamental son los siguientes:
1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
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20 Agosto 2007
2° Parte La esencia del conocimiento
a) El conocimiento es como una "apropiación" del objeto por parte del sujeto. En efecto, al conocer algo, nos hacemos "dueños", en cierto sentido, de lo conocido: por eso decimos que hemos adquirido nuevos conocimientos. Tal apropiación intelectual de las cosas tiene cierta analogía con el fenómeno biológico de la asimilación de los alimentos; ya que lo asimilado pasa a formar parte del animal; pero esta "asimilación" del objeto por parte del sujeto no destruye la integridad del objeto (como el viviente destruye las materias que asimila) ni les disminuye su existencia real objetiva (no porque algo sea conocido, dejará de existir). Por lo tanto el objeto conocido tiene una doble existencia: en mí y fuera de mí.
b) El conocimiento es como una "fecundación" del sujeto por parte del objeto. Tal cosa ya la habían advertido los filósofos de la Edad Media, pues denominaron "concepto" al producto mental de la actividad cognoscitiva (Concepto significa, en latín, "lo concebido", "lo engendrado”. ¿Por qué el conocer es una "concepción"? Lo es "en cierta forma, porque de aquella relación entre sujeto y objeto resulta un ser nuevo, ideal, denominado "imagen" (si es expresión de lo concreto) o "idea" (si es expresión de lo abstracto).
c) Todo conocer es como un acto de "creación". Dentro de la infinidad de seres que pueden ser objeto de nuestro conocimiento, y dentro de la pluralidad de aspectos que podemos advertir en cada ser, en cada instante sólo advertimos "esto" (esta cosa, este detalle). De modo que todo conocer constituye siempre un proceso de "selección". Tal selección no depende sólo de las características de lo conocido; depende fundamentalmente de nuestras propias características particulares. De modo que es una selección "personal" de lo que conocemos. Aún más, lo conocido, por el hecho de ser conocido, adquiere características que antes no tenía (adquiere, por lo menos, nueva forma de existencia). De modo que el conocer es también una actividad humana "creadora".
Lo que hemos dicho hasta este momento acerca de la esencia del conocimiento parecería contradecirse con lo que afirmamos en la Psicología (cf. sensación, mundo circundante, imágenes, etc.) respecto al conocimiento sensitivo. Pero no hay contradicción. Entonces, afirmábamos que la sensación no constituye un contacto "directo" con las cosas; que percibimos el mundo físico "en las imágenes" que los estímulos producen en nosotros; que cada ser consciente tiene su propio "mundo circundante"; etc. Todo esto es muy cierto: pero sólo constituye un análisis psicológico del proceso del conocimiento; ahora estamos haciendo un análisis metafísica del mismo proceso, en que prescindimos de los detalles accidentales, del mecanismo a través del cual llegamos al conocimiento de las cosas (Lo descrito en la psicología es, efectivamente, el "mecanismo" del conocimiento). De modo que, aunque no nos sea posible un contacto directo con la realidad, lo realmente conocido es la realidad (Si no ocurre, así, a veces es sólo por defectos de procedimiento). Mediante las imágenes (o los conceptos) conocemos la realidad, tal como vemos las cosas a través de los lentes (no vemos los anteojos mismos, salvo que los convirtamos en "objeto" de nuestro mirar).
Otro aspecto de nuestros conocimientos, que conviene destacar aquí, es que —normalmente— conocemos primero la existencia de algo y, a continuación, vamos conociendo, gradualmente, su esencia. En efecto, al "tropezar" en nuestra vida con las cosas, al tomar contacto con ellas, advertimos que "existen", y luego, al comparar el modo cómo ellas se conducen con nosotros (o con las demás cosas) con el modo de conducirse de otros seres, empezamos a diferenciarlas; es decir, vamos formándonos el concepto de su "esencia". De modo que el conocimiento de la existencia es, por lo general, instantáneo; mientras que el conocimiento de la esencia es gradual y perfectible. Luego, todo conocimiento de la esencia de algo, no sólo nos da un conocimiento de aquello, sino que perfecciona conjuntamente el resto de nuestros conocimientos (que se tornan más claros y precisos). Por consiguiente, todo conocimiento es sólo un eslabón de esa larga cadena del conocer total; proceso que ocupa nuestra vida entera.
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3 Abril 2007
¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?
Filosofía significa “amor a la sabiduría”, al conocimiento.
Lo mas probable que en tu corta edad no te hallas topado con ninguna asignatura a la que se te pide que le tengas cariño. Las matemáticas son matemáticas, no “amor a los números”; no existe la asignatura de “amor a la literatura”, sino simple y llanamente literatura. Y en química se estudia la tabla periódica, sin que a nadie le importe si el estudiante o el químico tienen aprecio por los
elementos alcalinos.
Nos encontramos ahora con una disciplina que consiste en “amar la sabiduría”. Más bien promete ser lo contrario, y es posible que acabemos odiando a la dichosa sabiduría esa, y nos convirtamos en fobósofos, en lugar de filósofos. Al fin y al cabo, podemos decir, “yo quiero a quien me viene en
gana y a lo que me da la gana. ¿Está claro?”. Parece que no ha sido un buen comienzo. Vamos a intentarlo de otra forma.
¿Qué eso de la “Filosofía”? O por lo menos ¿qué es eso de “sabiduría”?, porque no parece fácil que pueda tener ningún aprecio a algo que no conozco en absoluto. ¿Ser filósofo es ser sabio? ¿Es conocer de memoria todas las respuestas que puedan hacer en cualquier concurso de televisión? ¿Ser el rey del trivial? ¿No fallar nunca ninguna pregunta en ningún examen?
Basta de preguntas, y vamos a intentar dar alguna respuesta. Podríamos decir que la dichosa Filosofía de la que estamos hablando es algo así como una modo distinto de ver las cosas, una manera diferente de ver la realidad. No como algo normal, sino como algo asombroso, tan asombroso como el mundo de los cuentos, en el que todo es extraordinario y puede uno cruzarse con un conejo que va hablando (como en “Alicia en el país de las maravillas”) o con calabazas que se convierten en carrozas, o... O a lo mejor se descubre que es un mundo de magia, en el que las cosas son así pero podrían ser de otra forma, y no todo el mundo se da cuenta de ello (somos capaces de acostumbrarnos a cualquier cosa), y por eso existen los muggles y los magos (Harry Potter).
También cabe que haya quien descubra que a lo mejor las cosas no son tan maravillosas como estamos diciendo, sino que a lo mejor estamos en un mundo que es una trampa, en el que nos están engañando de alguna forma, tal y como descubre el protagonista de Matrix (que reproduce el problema que se plantea ya el Mito de la Caverna, La vida es sueño, Descartes y su “demiurgo
maligno”, el de 1984, el de...) Pues bien, tanto unos como otros tienen en común que no se conforman con ver lo que todo el mundo ve, o con verlo como todo el mundo. Son capaces (desde Harry Potter hasta el fulano de Matrix) de “asombrarse” ante la realidad. Lo que para otros es normal, para ellos es asombroso, bien porque sea algo mágico o maravilloso, o bien porque no “se fían” sin más de lo que los demás se fían.
“Pero eso sucede sólo en los cuentos o en las películas." Eso es lo que diría cualquier smugle, o cualquier “conectado a Matrix”. En realidad, todos hemos tenido esta capacidad de asombro en nuestra infancia. Los niños miran todo con asombro, hasta su propio pie. Nada les parece rutinario o aburrido, al menos mientras son suficientemente pequeños.
Todo es sorprendente para un niño: un perro, una cafetera, que las cosas se caigan al suelo, una luz... Por eso los niños viven en una continua interrogación (¿por qué esto?, ¿por qué lo otro?) que poco a poco van perdiendo, quizá debido a que siempre se les responde con un “porque sí”, que termina por aburrirles y hacerles creer que las cosas son así porque es de buena educación que sean así. En esa situación sólo resulta asombroso lo aparente Pero no sólo los niños son capaces de asombrarse. Lo propio de los científicos, de los grandes sabios, es mirar con asombro lo que los demás ven y contemplan como lo más natural del mundo. La leyenda de Newton y la manzana es muy ilustrativa al respecto, pues a lo largo de la humanidad miles y miles de manzanas han golpeado a los incautos paseantes que se tumbaban al pie de sus árboles, pero a casi ninguno de ellos se le ocurrió asombrarse ante ese hecho. Pero mientras que la mayoría sólo fue capaz de obtener de ese golpe nada más que un chichón (y una manzana), Newton -según la leyenda-empezó a reflexionar sobre la gravitación universal. Pues bien, esta misma actitud, ese modo de ver las cosas con un asombro que nos lleva a preguntarnos su porqué es algo propio de los filósofos.
Es preciso hacer una aclaración importante: no es lo mismo el asombro (a veces también se llama admiración: “quedarse admirado o asombrado de algo”) que el estupor. El asombro es propio de los sabios, de los niños, de artistas, de los que no tienen una mirada rutinaria del mundo; el estupor es lo que define al estúpido. El estupor abunda y el asombro escasea, y hay que saber distinguirlos, pues uno y otro podrían parecer lo mismo a los ojos de muchos.
Ambos, el asombro y el estupor se producen ante algo que nos supera, que sentimos que se nos escapa de alguna forma. Cuando estamos asombrados de algo o ante algo nos preguntamos ¿cómo es posible que...? O ¿por qué...? Nos encantaría saber más de lo que estamos viendo, porque sabemos que hay más (como decíamos antes, lo mágico o misterioso que existe en las cosas) y vale la pena descubrirlo. Pero el estupor no tienen nada que ver con esto. El estupefacto se halla igualmente con algo que le supera, que siente que se le escapa; se encuentra boquiabierto ante una pizarra llena de números o de palabras que le resultan ininteligibles... pero no quiere saber nada de eso. Le supera y no le interesa: no hay quien lo entienda. Posiblemente todos hemos estado estupefactos alguna vez (tal vez muchas).
Cuando decimos “eso no hay quien lo entienda”, con frecuencia lo que queremos decir es que hemos perdido todo interés o toda esperanza en llegar a entender eso que no entendemos. Nos volvemos sordos a cualquier explicación que nos puedan hacer. Estamos a veces estupefactos en alguna asignatura ante algún tema que no nos ha entrado bien. No nos preguntamos ¿cómo es posible eso?, sino algo así como “muy bien, no lo entiendo: dime qué tengo que poner en el examen, qué operación he de hacer, cuál es el truco....” Y ya está.
Quien está asombrado busca, tiene esperanzas y empeño por encontrar, aunque sea difícil (les lleva a saber más, aunque nunca acaben de saber del todo: de hecho cada vez están más convencidos de que saben menos, pues a medida que avanzan no paran de descubrir cosas asombrosas). El estupefacto no busca, carece de empeño o interés por encontrar y acaba refugiándose en las reglas de lo que sabe hacer, cosas repetitivas que no le planteen problemas.
Si no se sale habitualmente del estupor se acaba siendo un estúpido, que es una forma de ignorancia. Se deja de ver que haya algo “extraño” en las cosas: las cosas son así, y ya está: “¡Las manzanas caen al suelo, porque sí, no hay más que averiguar!”, le hubiera dicho un ignorante a Newton. Con frecuencia quien es ignorante desprecia al sabio.
El ignorante suele pensar que ya lo sabe todo, o al menos que ya sabe todo lo que vale la pena, y por eso no busca. El verdadero sabio, en cambio, sabe que no sabe: se da cuenta de que es mucho más lo que no sabe, que hay mucho más por saber, y por eso puede seguir buscando. Evidentemente, algo sabe, ya que si no sería un mero ignorante; pero no sabe del todo. Por eso los sabios suelen considerarse filósofos, amantes de la sabiduría. El estúpido o el ignorante tiene a veces la apariencia de “experto”, que en el sentido malo de la expresión es aquel que sabe unas cuantas técnicas y desprecia lo demás. Es más cómodo y se siente más seguro. Nos hemos ido por las ramas. Hasta ahora hemos hablado de que se puede ver el mundo con asombro o con rutina (el estupor acaba en rutina). El asombro es una de los requisitos de la filosofía. Pero no es el único, pues también los físicos, los matemáticos, los historiadores, etc., se asombran y no se llama filosofía estrictamente a lo que ellos hacen. ¿Qué es, pues, lo propio de la Filosofía?
La filosofía se caracteriza por dos cosas más: reflexiona (se admira) sobre cualquier aspecto de lo real, incluso sobre toda la realidad en su conjunto, mientras que las otras ciencias se ocupan únicamente de un aspecto de la realidad (la química, la física, etc. se ocupan de un objeto muy concreto cada una de ellas). Y además lo hace desde un punto de vista exclusivamente suyo: las últimas causas. ¿Últimas causas? Se ve que es urgente poner un ejemplo. Vamos a pedir auxilio
¿Qué es lo que, en el fondo soy yo? Esta es una de las preguntas filosóficas por excelencia. Nace de un asombro, de vernos distintos al mundo que nos rodea, a los geranios que tenemos en el balcón, a nuestro querido perro, al microondas... O a lo mejor no somos tan distintos, se nos ocurre pensar, pues al fin y al cabo dicen que todos los seres vivos somos primos más o menos lejanos; y las máquinas son cada vez más perfectas, y estamos hartos de ver películas en las que los robots son iguales o mejores que los humanos. ¿Qué somos? ¿Qué es lo que, en el fondo nos distingue de los demás seres? ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Estamos asombrados, y supongamos que, para no caer en el estupor (¡después de todo lo que hemos dicho!), consultamos a diversos científicos, para que nos orienten desde el punto de vista de su especialidad.
¿Qué somos? Un químico nos podría decir que para su ciencia no somos más que unos cuantos litros de agua, carbono, potasio, sodio, y algunas cosas por el estilo. La química no nos dice nada más. La medicina responderá que estamos sanos, o bien que somos un paciente aquejado de tal
enfermedad; pero está claro que para responder a las preguntas que nos estábamos planteando no basta con decir que somos unos individuos sanos (o que tenemos el colesterol un poco alto), aunque eso sea cierto. Si cayéramos en un laboratorio de física, y se nos sometiera allí a un estudio pormenorizado, el instrumental podría facilitar cierta información acerca de nosotros mismos, como nuestra masa, temperatura, la velocidad de nuestro movimiento, la respuesta de nuestro cuerpo a las radiaciones, etc.
Todas estas afirmaciones de las distintas ciencias son ciertas, pero insuficientes. Son ciertas, pues es innegable que estoy sano, peso setenta kilos, tengo una cantidad de sodio en mi cuerpo... Pero yo no soy eso; al menos, no lo soy sin más. Ramón y Cajal lo explicaba diciendo que un beso, que ha sido desde siempre objeto de admiración de poetas y enamorados, médicamente considerado no es más que un intercambio de microbios. Y, efectivamente, un beso es un intercambio de microbios, así como una sonrisa es también un movimiento de los músculos de la cara, pero no es sólo eso, ni fundamentalmente lo es. De hecho, si alguien nos dijera que un beso es un mero intercambio de microbios, o que las sonrisa es un determinado movimiento muscular, sin duda le diríamos que no ha entendido nada de lo que en último término son esas realidades, aun cuando las haya estudiado con mucho rigor científico.
En conclusión, las ciencias se fijan en determinados aspectos de la realidad, pero no llegan, por así decir, al fondo último de las cosas. No llegan al fondo último de las cosas, ni pretenden llegar, porque no es esa su misión. Esto es lo que queríamos decir cuando afirmábamos que la Filosofía busca “las últimas causas”.
La radicalidad, el interés por el qué es en último término algo, y no meramente cómo funciona, o cómo se desarrolla, la pregunta por el porqué último de las cosas es lo que diferencia una pregunta filosófica de las preguntas de las demás ciencias.
Pero además hay aún otra diferencia: y es que podemos “filosofar” sobre cualquier aspecto de la realidad. No tenemos por qué ceñirnos al mundo de las transformaciones de unas sustancias en otras, como hace la química, o al cómo lograr la salud del cuerpo humano, o a las alteraciones genéticas, o... Podemos plantearnos preguntas filosóficas sobre cualquier aspecto de la realidad, y preguntarnos qué es, en último término el hombre, qué es el conocimiento y si podemos decir que un animal o una máquina conocen, qué nos distingue de estos seres, de los animales y de las máquinas, etc. Es más, podemos también preguntarnos no sólo por un aspecto de la realidad (por el hombre, por los seres vivos, por si existe algo distinto a la realidad material que percibimos,...) sino que también podemos preguntarnos por toda la realidad a la vez. Podríamos, por ejemplo, preguntarnos que por qué hay seres y no más bien la nada: es decir si el mundo requiere una causa que lo explique o bien se basta a sí mismo y no necesita más explicaciones. O también nos podemos plantear si la realidad es tal y como la percibimos, o si estamos sumidos en un sueño, un engaño o una manipulación. Podemos plantearnos si existe alguna verdad, algo de lo que podamos estar completamente seguros, si podemos descubrir cuál es el sentido de nuestra vida, pues hay quien dice que carece de él.... Aunque puedan sonar a preguntas un tanto curiosas, son cuestiones que lleva el ser humano consigo. Preguntas por el sentido y la totalidad de la vida.
Que nos planteemos estas cuestiones no nos garantiza que las vayamos a responder. Tal vez obtengamos respuestas que nos traerán nuevas preguntas, No hay “aparatos de filosofar”, no existen los “termómetros de filosofía”. Si eso fuera posible, muchas de las tareas filosóficas serian
relativamente más sencillas. Pero hay muchas cosas que no se pueden encerrar en un laboratorio (recuerda el ejemplo del beso) y no por eso son menos importantes o menos reales. Más bien quiere decir que el microscopio tiene un límite, y hay aspectos de nuestra vida que no se resuelven con ecuaciones.
Recapitulando: hemos visto que la filosofía es un conocimiento sobre cualquier aspecto de la realidad por sus últimas causas. Para filosofar, como para realizar cualquier tarea científica, es necesaria la admiración: no conformarnos con lo que aparece de la realidad, descubrir lo asombroso que es que las cosas sean tal y como son. (…)
Javier Sánchez Collado
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